Mujeres lideran la lucha por la tierra del pueblo Manjui en Abizai

Las mujeres lideran Abizai, una aldea Manjui sin tierra propia en Mariscal Estigarribia. Ellas, al igual que sus antecesoras, marcan una situación que rompe con la cultura del machismo en las comunidades indígenas. Sostienen una larga lucha por conseguir tierra propia y por preservar su cultura, ante alertas de que su lengua se encuentra en peligro de extinción.

En el centro de la polvorienta y desolada aldea que se parece mucho al apocalíptico escenario de una de las películas de la saga Mad Max—, hay una canilla de plástico. La misma, está conectada a un sucio y herrumbrado caño que emerge de la tierra, atada a un poste de madera en medio del arenal.

De la canilla brota un fino hilo de agua.

Una niña Manjui aproxima su carita tierna al grifo y bebe con fruición, como si tuviera, toda la sed del mundo.

Detrás de ella, un grupo de mujeres aguardan con bidones y baldes para surtirse del líquido vital. No parecen tener ninguna prisa, conversan entre ellas en su lengua ancestral, riendo a veces, mientras dejan que los niños beban primero.

En todo el campamento no hay otra canilla, no hay otra fuente de agua.

—Aquí todavía no tenemos tierra propia, pero al menos tenemos agua, al revés de otras comunidades indígenas del Chaco que sí tienen tierra, pero no tienen agua potable —nos explica la vice lideresa Lidia Mariana Martínez—. Es una canilla que nos instaló la ESSAP (Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay) y de aquí nos proveemos para beber, para cocinar, para lavar y para bañarnos.

Una niña bebe agua de la única canilla en medio del asentamiento indígena Abizai. / Foto: Desirée Esquivel Almada

Expulsados de la tierra de sus abuelos

La aldea se llama Abizai, se encuentra en un terreno prestado por las Fuerzas Armadas. Está ubicada en la entrada de un polvoriento camino de tierra conocido como Picada 500, en su intercepción con la Ruta PY09 Carlos Antonio López, más conocida como la Ruta Transchaco. Este sitio se posiciona en el centro urbano de la ciudad de Mariscal Estigarribia, Departamento de Boquerón, a 521 kilómetros de Asunción.

Los Manjui, también autodenominados Lumnanas (gente del monte), de la familia lingüística Mataco – Mataguayo, constituyen uno de los 19 pueblos indígenas que sobreviven en el Paraguay.

En realidad, sobreviven cada vez menos.

Según datos del Censo Nacional de Población y Viviendas para Pueblos Indígenas del año 2012, ya solamente quedaban 582 miembros de toda esta nación indígena. Registros más recientes indican que la población aumentó a un poco más de 900 personas. Las miasmas están distribuidas en tres asentamientos: Wonta – Santa Rosa, San Agustín y Abizai, además de conformar grupos minoritarios en diversas comunidades del Pueblo Nivacle.

Al no tener tierra propia y vivir en un terreno de las Fuerzas Armadas, los Manjui de Abizai se desenvuelven con mucha precariedad. / Foto: Desirée Esquivel Almada

Las denuncias de organizaciones indigenistas hablan de que el pueblo Manjui está sufriendo una “limpieza étnica silenciosa”. Esto se debe a que sus tierras ancestrales han sido “invadidas por empresas ganaderas y carboneras”.

En el caso de la comunidad, Wonta – Santa Rosa, en la localidad de San Agustín, zona de Pedro P. Peña, se apunta que unas 38.000 hectáreas de tierras que el Estado paraguayo adquirió. Sin embargo, hasta ahora no les han sido entregadas.

De estas comunidades, la de Abizai es la que se encuentra en una situación más crítica. Sus integrantes fueron expulsados de sus tierras ancestrales en los años 70, cuando la dictadura se propuso construir uno de los aeropuertos más grandes del país en la región, acerca del cual diversas versiones no confirmadas apuntaban que sería una base militar estadounidense en el Chaco.

Cuando yo era niña, vivíamos en unas tierras con muchos bosques, en las que habían vivido nuestros abuelos —relata Cintia Mabel Dávalos, principal lideresa de Abizai—. Era un lugar donde había abundantes animales de caza y plantas comestibles, pero el Ejército nos echó de allí para construir el aeropuerto de Mariscal Estigarribia.

Sin un lugar donde asentarse

Los Manjui expulsados por la construcción del Aeropuerto de sus tierras ancestrales fueron reubicados en Santa Teresita, un asentamiento de los Nivaĉle. Sin embargo, la convivencia fue difícil por diferencias culturales y porque el espacio les resultaba pequeño.

Tras 15 años de conflictos, nuevamente fueron sacados del lugar y reubicados en un gran terreno baldío, propiedad del Tercer Cuerpo de Ejército, Sexta División de Infantería, al costado de la Ruta Transchaco y de la Picada 500, donde actualmente viven más de unas 40 familias (cerca de 200 personas).

Aquí solo se les permite habitar en viviendas precarias, es decir, solo pueden instalar carpas y chozas miserables. No pueden edificar viviendas muy sólidas, no tienen acceso a servicios de energía eléctrica ni a baños sanitarios, no pueden cultivar en chacras y huertas. Esto se debe a que los militares les prestaron el terreno por 20 años y ya llevan 12 viviendo allí, en 8 años lo tienen que devolver y conseguir otro lugar.

El único beneficio que tienen los pobladores de Abizai es la canilla de caños herrumbrados que la ESSAP les instaló en medio de la aldea. A través de ella, los niños beben como si fuera la cristalina fuente de un oasis en el desierto.

Mujeres manjui dialogan en la aldea de Abizai. / Foto: Desirée Esquivel Almada

Las mujeres indígenas al poder

En los últimos diez años, desde que fueron expulsados de sus antiguas tierras, Isabel Dávalos fue la lideresa o cacica que condujo a su pueblo en la larga marcha

Cuando en 2018 llegó el momento de que Isabel entregue el cargo, la comunidad eligió a su sobrina, Cintia Mabel Dávalos. Ella es mujer una joven y dinámica que creció fuera de la aldea, en la ciudad de los blancos o ‘paraguayos’, pero había decidido regresar a vivir con su gente.

Como vice lideresa eligieron a Lidia Mariana Martínez, una mujer de mucho carácter.

—Elegir a las mujeres para que conduzcan la lucha en Abizai fue algo natural, porque los hombres están muy pocos presentes, ya que deben ir a trabajar en las estancias por largos periodos explica Cintia.

Al encontrarse una mayoría de mujeres con el compromiso de sostener la aldea, cuidar, alimentar y educar a los niños, resolver los problemas, rápidamente creció el poder femenino. De esta manera, se acentuó una situación que rompe con la cultura del machismo en las comunidades indígenas.

—Las mujeres nos hicimos cargo y estamos luchando por conseguir nuestra tierra propia —destaca Cintia—.

—¿Los hombres de Abizai aceptan el liderazgo femenino?

No les queda otra opción (risas). Fuimos elegidas por todos los miembros de la comunidad, tanto mujeres como varones estuvieron de acuerdo.

—¿No hay machismo?

—No, no hay.

—¿Cómo asumís el desafío de liderar a tu gente?

—Al principio me costó bastante. Conocía poco sobre cómo salir a hacer gestiones, viajar a Asunción, hablar con las autoridades de las instituciones del Estado, pero pronto aprendí.

Tanto aprendió, que Cintia aceptó ser candidata a diputada para las elecciones generales de 2023, en la lista del movimiento Nueva República, encabezada por Euclides Acevedo y Jorge Querey. No logró los votos suficientes para ingresar, pero considera que la experiencia fue muy útil, junto a la de otros indígenas que también compitieron en diversas listas.

Creo que todavía va a pasar un buen tiempo hasta que la ciudadanía confíe en llevar a indígenas al Parlamento. Pero necesitamos tener una representación, de lo contrario nuestra voz no se escucha, no se tiene en cuenta —destaca la dirigente.

Cintia Mabel Dávalos, lideresa manjui de Abizai, ex candidata a diputada. / Foto: Desirée Esquivel Almada.
Los Manjui ya no quieren vivir en tierra ajena. / Foto: Desirée Esquivel Almada

La larga lucha por la tierra

Si hay algo que los Manjui de Abizai necesitan es obtener una extensión suficiente de tierra propia. Les urge tener un lugar donde poder desarrollar programas de viviendas, educación, salud, cultivos, con acceso a energía eléctrica y a conectividad digital. 

Desde hace años, vienen reclamando la cesión por parte del Estado de una propiedad de 1.732 hectáreas en la localidad conocida como Diez Kue, en Mariscal Estigarribia, actualmente perteneciente al Ministerio de Defensa Nacional. Un proyecto de ley, presentado por el diputado chaqueño Edwin Reimer anda dando vueltas en las comisiones del Congreso, sin que hasta ahora tenga un resultado favorable.

Cintia Dávalos va hasta la capital para hacer lobby con diversos legisladores y dirigentes del INDI. Además moviliza las acciones de su comunidad a través de la Articulación de Mujeres Indígenas de Paraguay (MIPY), de la cual forma parte, al igual que varias de sus compañeras dirigentes en Abizai.

—El caso de la comunidad Abizai es muy especial, porque son las mujeres las que lideran la lucha por la tierra y por obtener una mejor vida para su gente —afirma Tina Alvarenga, secretaria ejecutiva de MIPY—. Nosotras, desde nuestra organización, acompañamos con mucha esperanza la acción de estas valientes mujeres, con charlas de capacitación y asesoría, buscando que puedan obtener por fin un lugar en donde establecerse y poder desarrollarse con mejor calidad de vida.

Lidia Mariana Martínez, vice lideresa de Abizai, frente a la carpa en donde vive. / Foto: Desirée Esquivel.

Rescatando la lengua para que no muera

La lucha por la tierra propia está muy ligada a otra lucha decisiva de las mujeres Manjui, que es lograr que sus hijos sigan hablando la lengua de su pueblo, para que ella no muera.

Desde hace algunos años, el Atlas de Lenguas del Mundo en Peligro, ha incluido al Manjui como una de las cinco lenguas en riesgo de extinción en el país. Esto se debe a que cada vez menos miembros de esta etnia la hablan.

Un informe de la Secretaría de Políticas Lingüísticas (SPL), había declarado que el 30 o 40% de los Manjui ya no hablan su lengua.

La ministra de Políticas Linguísticas, Ladislaa Alcaraz, explicó que “los factores que llevaron a dicha lengua a estar en peligro de extinción tienen que ver con la falta de enseñanza en su lengua materna, el desplazamiento de las comunidades de su territorio y la salida de muchos hablantes de esas áreas en busca de oportunidades laborales”.

En Abizai, la propia lideresa, Cintia Dávalos, admite que no puede comunicarse con su gente en su propio idioma, porque al crecer con familias de blancos o paraguayos, perdió la práctica.

Esta situación llevó a la SPL a desarrollar el proyecto “Rescate lingüístico del pueblo Lumnanas – Manjui”, con un equipo de expertos, que confeccionaron un diccionario Manjui – Castellano con más de 1.200 términos, además de una película documental y los resultados de un Diagnóstico Sociolingüístico implementado en las tres comunidades del Chaco.

La vice lideresa Lidia Mariana Martínez asegura que el peligro de que la lengua Manjui muera se ha podido revertir exitosamente, gracias al trabajo de las mujeres organizadas.

—Así, como luchamos por la tierra, también luchamos por nuestra lengua, porque sabemos que es muy importante seguir hablando en Manjui para que nuestro pueblo viva —asegura—. Por eso, el Estado nos tiene que otorgar la tierra que estamos reclamando, solamente así nuestro pueblo podrá vivir. Seguiremos luchando y reclamando. No dejaremos que acaben con nuestra forma de vivir.

En el centro de la polvorienta aldea que parece surgida de una película de Mad Max, la niña se acerca a beber el agua de la única canilla, mientras su madre le habla con palabras en Manjui.

Ella bebe el agua… pero también bebe la lengua de su pueblo.

El agua es uno de los elementos más apreciados por los pueblos indígenas del Chaco. / Foto: Desirée Esquivel Almada

Escuchá el podcast: La lucha de las mujeres manjui por preservar la lengua de su pueblo, para que no desaparezca – Podcast Ep 3 en YouTube, como también en Spotify.

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Este reportaje fue realizado gracias al apoyo de la Fundación Avina y Voces para la Acción Climática Justa (VAC).

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