Jóvenes reviven la tradición del cine con espacios de encuentro comunitario

Tras más de tres décadas sin salas activas, un grupo de jóvenes en Pilar decidió recuperar la magia del cine colectivo. Desde proyecciones en patios y plazas hasta cine-debates sobre memoria y dictaduras, los Amotinadxs reavivan el espíritu de comunidad y demuestran que el séptimo arte puede ser motor de resistencia cultural. Esta experiencia se suma a un movimiento que también se vive en Asunción, donde cine clubes de distintas facultades y colectivos impulsan el encuentro a través del séptimo arte.

En Pilar, capital del XII Departamento de Ñeembucú, entre las décadas de 1940 y 1980 existieron al menos cuatro locales de cine donde la población disfrutaba de las películas provenientes de los estudios norteamericanos.

El Cine Teatro Parroquial, administrado por los Sacerdotes Redentoristas, fue uno de los más recordados, junto al Cine Real, propiedad de la familia Delpino y de don Arístides Fretes, además de otras salas barriales. La publicidad de las funciones se realizaba a través de Radio Carlos Antonio López, emisora estatal en AM, y también con parlantes montados en carritos tirados por caballos o vehículos a motor.

Con la llegada de la década de 1990, las casas de alquiler de casetes VHS invadieron los barrios, lo que provocó que las salas de cine cerraran definitivamente en Pilar.

Flyer de publicidad de la muestra de la Inundación de 1983 / Gentileza
Amotinadxs.

Un renacer impulsado por jóvenes

Pasaron los años, hasta que un grupo de jóvenes pilarenses, amantes del séptimo arte y formados en Producción y Realización Cinematográfica en Formosa (Argentina), decidió poner en marcha la idea que venían desarrollando: de proyectar películas no comerciales en espacios culturales donde, además de mirar cine, se pudiera charlar, compartir alimentos y generar encuentros.

El 9 de junio de 2024, iniciaron con la muestra de películas de directores poco conocidos, de países invisibles para la alfombra roja de Hollywood. Al término de las proyecciones, los debates comenzaron de manera espontánea: todos tenían algo que decir y algo que escuchar. De esa experiencia nació el colectivo Amotinadxs, integrado por jóvenes de distintas profesiones y edades.

“Una manera de reencontrarnos”

Facundo Almirón (26) explica que Amotinadxs nace de la necesidad de espacios alternativos en una ciudad como Pilar, que hace más de 30 años tenía tradición de cine y actualmente no cuenta con salas. “Es una manera de encontrarnos, de generar un espacio de reflexión, de intercambios sinceros, de charlar y desautomatizarnos de este devenir tan lúgubre que puede tener la vida, más en este tiempo pospandémico, para volver a tener ese aire de comunidad, del reencuentro”, expresó.

Por su parte, Camila Ariel Acosta (22) señala que el cine club surgió de la necesidad de ocupar otros espacios además de los tradicionales folclóricos. “Es volver a tomar la costumbre de ir a un lugar para ver una peli de principio a fin, porque se perdió esa práctica con la aparición de las plataformas, en donde pasan muchos productos chatarra”, manifestó.

Logo del colectivo de jóvenes denominado Amotinadxs / Gentileza.

Cine, memoria y resistencia

El grupo también asumió el compromiso de preservar la memoria colectiva. El 24 de mayo organizaron una proyección con videos y fotos de la inundación de 1983, un evento que marcó a varias generaciones de pilarenses. Ese día se encontraron personas que vivieron las penurias del agua en sus casas junto a jóvenes y niños que no pasaron por esa situación.

Además, han compartido películas paraguayas y latinoamericanas que abordan las dictaduras, como Postmortem (Chile) y Matar a un muerto (Paraguay, de Hugo Giménez). “La faceta de cine club empezó sin saber que estábamos haciendo como tal, y la riqueza de ese encuentro nos quita de la posición de espectador, nos convertimos en partícipes”, explicó Almirón.

Espacios conquistados

El primer lugar utilizado por Amotinadxs fue Distrito Sur, un local amigo que albergó actividades culturales diversas: desde muestras de fotografía y pintura hasta encuentros de grafiteros de Paraguay y Argentina. Tras su cierre, el grupo llevó sus funciones a la Plaza Mariscal Francisco S. López, frente al histórico Cabildo Museo de Pilar.

Actualmente, las proyecciones se realizan en la casa de la familia Acosta Fabio, que ofrece tanto su patio en días de calor como su sala en jornadas frías. Allí no solo se ven películas, también se leen libros y se conversa en comunidad. “El cine club es un espacio de resistencia, donde se tiene noción de lo político, casi no hablamos sinceramente. Está bueno en estas épocas ya que salen cosas muy buenas”, comentó Camila.

Proyección de Pilar 1983 / Instagram de Amitinadxs.

Un movimiento que se expande

El fenómeno no es aislado. En Paraguay, uno de los cine clubes más antiguos es el Cine Club Universitario, fundado en 2013 en la Facultad de Filosofía de la UNA, liderado por el docente Miguel H. López. Hoy ya está presente en otras facultades.

“El Cine Club Universitario es tal vez el primero que se alinea al movimiento mundial
del cine clubismo y se expresa desde los principios de ese movimiento. Este cine club
se inscribe y forma parte del movimiento universal del cine clubismo que promueve la
cultura cinematográfica”, nos dice Miguel H. López.

Actualmente, existen 14 cine clubes activos en el país, que se reunieron recientemente en Asunción para compartir experiencias, desafíos y estrategias de autogestión, en un evento denominado «Primer encuentro de cineclubes en Paraguay». En total, juntaron en esta reunión unas 20 iniciativas, que además de clubes de cine, incluye a centros culturales comunitarios y más.

En ese contexto, cabe resaltar que la experiencia de Pilar inspiró a jóvenes de Villarrica, quienes al ver las publicaciones de Amotinadxs en redes sociales dijeron: “Había sido que en el interior también se puede hacer y no sólo en Asunción”, lo que dio origen a un nuevo grupo en esa ciudad.

Encuentro de cineclubistas / Gentileza Doc PY.

Autogestión y comunidad diversa

La autogestión es clave en el funcionamiento del colectivo. Amotinadxs cuenta con la colaboración de amigos y organizaciones que prestan los equipos necesarios, como la pantalla, el proyector y la computadora. Además, nunca falta el pororó en cada presentación.

El público que participa es variado: desde niños de seis o siete años, adolescentes, jóvenes, adultos y hasta personas mayores de más de 70 años. Esa diversidad etaria es, para el grupo, uno de los mayores logros, porque permite que el cine vuelva a ser un punto de encuentro intergeneracional.

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