El desafío de multiplicar a los 1.200 bomberos forestales que resisten a los incendios

Los satélites marcan puntos rojos casi todos los días en Paraguay: más de 600 mil alertas de incendio en cinco años y solo 1.200 bomberos forestales. ¿Cómo multiplicar los esfuerzos por frenar esta grave amenaza ambiental? Deforestación, sequía y causas humanas crean un ciclo que los bomberos forestales intentan contener con lo que tienen, y que exige algo tan simple como urgente: más manos preparadas para sostener el trabajo que hoy carga un puñado de voluntarios.

En el camino ya pueden divisar el humo negro que se va expandiendo por el cielo y en ruta ya sienten las cenizas disolverse en el aire.

— “1074 – Incendio de gran magnitud. Solicitamos apoyo” —anuncia el A cargo a través de la radio. 

Esto pone en marcha una movilización general de las compañías de la zona, que se van sumando a la tarea titánica y, a veces desconocida, de salvar el bosque una vez más.  

“Lo primero que uno siente es una gran responsabilidad, y sobre todo miedo”, admite Víctor Altemburger, comandante de la Unidad Forestal de Intervención Rápida del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay (UFIR).

No solo miedo al fuego, sino a lo desconocido. “Muchas veces no sabemos ante qué nos vamos a encontrar. Y además de combatir, tenemos a nuestro cargo la vida de las demás personas de la cuadrilla”, expresa.

Los satélites marcan puntos rojos casi todos los días en Paraguay: más de 600 mil alertas de incendio en cinco años y solo 1.200 bomberos forestales.

“A veces sentimos impotencia, muchas veces vamos a incendios en los que, lastimosamente, tenemos que dejar que se quemen hectáreas porque no tenemos cómo combatirlos”, relata Altemburger. Él mismo nos cuenta qué lo motivó a dedicarse a intentar salvar los bosques, incluso arriesgando su vida, y cómo busca cambiar la situación.

Combustible” para un incendio forestal

Amanece con 27°C en Paraguay y, durante el día, fácilmente pasa los 35°C. Los bomberos forestales lo saben: las condiciones se van dando para que la vegetación se seque y se convierta en “combustible” para un incendio forestal.

Desde la Central de Comunicaciones y Alarmas, el Alfa, como le llama el Cuerpo de Bomberos Voluntarios, reciben un 1035: denuncianteinforma sobre el inicio de un incendio en alguna estancia del departamento de Villa Hayes. 

La Compañía K145 ya está al tanto y anuncia: “estamos operativos con tres personales y un solo conductor”.

Esto no es impedimento para que a la par se movilicen rápidamente, con sus zapatones, pantalones, camisa, casco, antiparras, guantes, batefuegos, entre otras herramientas manuales. Salen rumbo a prestar el servicio que los mueve por vocación.  

 “A los incendios generalmente vamos tres o cuatro de una compañía; pedimos apoyo a otra y llegan también tres o cuatro. Se hace lo posible”, cuenta el especialista.

Víctor Altemburger, comandante de la Unidad Forestal de Intervención Rápida del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay (UFIR), trabajando con su equipo / ANALÍA LÓPEZ.

Región chaqueña: donde los bosques arden con facilidad 

El riesgo es permanente y alto. “En incendios forestales hay un 90% de riesgo”, expresa, como una estadística propia, en base a su experiencia. Explica que no es solo el fuego lo difícil, sino que a ello se suma el viento, la temperatura, la topografía del terreno, animales que embisten, serpientes, alacranes y un ambiente que se transforma segundo a segundo”, agrega. 

Cuando Altemburger inició como bombero forestal en 2002, muchos se burlaban. Le llamaban “apaga yuyo”, “yuyito” o “bombero ñanandy”, relata.

Sin embargo, en su territorio, el Chaco, los incendios no son una broma. Víctor es oriundo del departamento de Presidente Hayes, una zona donde pastizales, cañaverales y monte arden con facilidad y donde, en esa época (2002), su compañía era la única que respondía a todos los llamados. “Por eso me formé como bombero forestal”, alega con orgullo.

La región chaqueña es justamente una de las más afectadas por el fuego y su departamento vecino, Alto Paraguay, registra la mayor pérdida de bosque por incendios del país: un promedio de 10 mil hectáreas quemadas por año entre 2020 y 2024. Es el epicentro del avance del fuego en Paraguay, según datos reportados y analizados a través de la plataforma Global Forest Wach.

Hoy, dos décadas después, el “apaga yuyo” es comandante e instruye en al menos cinco áreas distintas y forma tanto a nuevos voluntarios como a aspirantes que recién empiezan.

“Hice la Capacitación para Instructores (CPI) y luego el taller de incendios forestales”, cuenta. Para él, enseñar es otra manera de proteger el bosque y multiplicar manos capacitadas donde más faltan.

Suman 170.000 hectáreas perdidas por incendios: 14 veces Asunción

Según el comandante, el curso de formación para bomberos forestales es uno de los más demandados del país y no es casualidad: Entre el 2020 y 2024, Paraguay perdió 170 mil hectáreas de bosque a causa de incendios; esto equivale a quemar catorce veces la ciudad de Asunción. 

De todo esto, 76 mil hectáreas correspondían a bosques primarios tropicales, un tipo de bosque altamente biodiverso que nunca ha sido intervenido y cuyo daño difícilmente puede recuperarse y menos aún a corto plazo.

La impotencia y el riesgo de entrar al fuego

Este volumen de incendios, registrado por la plataforma Global Forest Wach, supera la capacidad de respuesta.

Entre la humareda y un fuego que no cesa fácilmente, los bomberos forestales siguen resistiendo con lo que tienen, enfrentando jornadas, que muchas veces duran más de 48 horas y están marcadas por la incertidumbre, el cansancio y la urgencia de llegar a tiempo.

El comandante explica lo que más desafía al equipo en pleno servicio: “A veces sentimos impotencia. Muchas veces vamos a incendios en los que, lastimosamente, tenemos que dejar que se quemen hectáreas porque no tenemos cómo combatir (el fuego), o no podemos hacer un combate eficiente. Podemos sacarle fuerza al incendio, pero no suprimirlo del todo”, comenta. 

Entre noviembre de 2020 y noviembre de 2025, Paraguay registró 624.991 alertas de incendio detectadas por el sistema satelital VIIRS.

La Unidad Forestal de Intervención Rápida (UFIR) es relativamente joven. Fue creada en diciembre de 2013 como un equipo especializado dentro del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, aunque la formación de bomberos forestales en Paraguay comenzó mucho antes, en 2002. “Desde entonces apuntamos a ser una unidad élite en incendios forestales”, explica el comandante Víctor Altemburger y señala que, aunque la UFIR creció y se profesionalizó en la última década, los desafíos siguen siendo enormes.

Esta limitación no tiene que ver con falta de herramientas, sino con falta de manos y condiciones. En todo el país existen apenas entre 1.000 y 1.200 bomberos forestales amarillos, formados desde 2002, cuenta Altemburger. Aunque el número creció desde aquellos primeros años, cuando no llegaba ni a cien, sigue siendo insuficiente para responder a un territorio que registra cientos de miles de alertas de incendio cada año. 

La burocracia que frena la respuesta cuando el fuego avanza

“Que nos den permiso en el trabajo para ir a combatir los incendios forestales, muchas veces no se da. Lo ideal sería que, si hay una emergencia grande, ese permiso sea automático y sin repercusión en nuestro salario”, explica el comandante.

En teoría, la Ley 6762/2021, que regula la actividad bomberil, busca garantizar el apoyo institucional para los voluntarios. Pero en la práctica, la brecha sigue siendo grande ya que la mayoría de los bomberos forestales dependen de la buena voluntad de sus empleadores para ausentarse, lo que retrasa las salidas en momentos críticos.

El comandante señala los progresos, como la incorporación de vehículos especializados, herramientas motorizadas y un mayor apoyo interinstitucional, pero advierte que las limitaciones de recursos humanos persisten.

“Muchas veces asistimos o asisten instituciones que tienen personal, pero no tienen el conocimiento; se van y aprenden ahí mismo, y entonces no hay un trabajo eficaz”, explica. Esa falta de personal capacitado y de protocolos claros genera demoras críticas, “Sabemos que se está quemando en tal o cual región, pero estamos pendientes de que tal institución consiga combustible o un vehículo. Mientras tanto, el incendio va ganando fuerza”, sostiene.

Cuando la deforestación deja al bosque listo para arder

Entre noviembre de 2020 y noviembre de 2025, los satélites detectaron más de 22 millones de señales de que el bosque estaba siendo desmontado en Paraguay. En total, esas alertas abarcaron unas 270 mil hectáreas, y 91% muestran deforestación real o muy probable.

La deforestación y la sequía convierten los terrenos en zonas altamente inflamables y propensos a incendios forestales. “El 99,9% de la causa de los incendios es el hombre. Nosotros mismos quemamos”, afirma el comandante, nuevamente citando una estadística propia con base a su experiencia

Esa combinación de deforestación, sequía y causas humanas crea un ciclo que los bomberos forestales, como Víctor, intentan contener con lo que tienen, y que exige algo tan simple como urgente: más manos preparadas para sostener el trabajo que hoy carga un puñado de voluntarios.

Notas:

# 10351: Código utilizado por el Cuerpo de Bomberos Voluntarios para referirse al denunciante de un incidente.

# Antiparras: Gafas protectoras diseñadas para proteger los ojos del fuego o chispas.

# Batefuegos: Una herramienta que se utiliza para apagar incendios por sofocación, desplazando el aire para extinguir las llamas.

# 1074:  Código utilizado por el Cuerpo de Bomberos Voluntarios para referirse a incendios de gran magnitud.

# A cargo: El bombero más antiguo, encargado de dirigir la brigada de turno.