Las pintorescas idas y vueltas del gobierno paraguayo en el conflicto EEUU-Venezuela

Los gobiernos de Venezuela y Paraguay tienen una larga historia de amor y odio, desde las épocas de Nicanor y Lugo. El presidente Santiago Peña había restablecido en 2023 las relaciones diplomáticas con el régimen de Nicolás Maduro, provocando el enojo de sus aliados de derecha. ¿Tuvo que ver la millonaria deuda que nuestro país mantiene por el petróleo de PDVSA y hasta ahora no ha pagado? En 2025, Peña rompió otra vez con Caracas, buscando congraciarse con el presidente norteamericano Donal Trump. Emitió un decreto declarando al “Cartel de los Soles” —presuntamente liderado por Maduro—, como “organización internacional terrorista”. Tras el reciente polémico arresto del mandatario venezolano por tropas de EEUU, la Justicia norteamericana afirmó que tal Cartel “no tiene existencia real”, dejando a la acción diplomática paraguaya en ridículo. Te contamos los detalles de este largo culebrón político.

Para entender el origen de esta intrincada y pintoresca historia, les comparto partes de un primer artículo que publiqué en el diario Última Hora el 5 de marzo de 2013, cuando el grave estado de salud del líder venezolano Hugo Chávez acaparaba las noticias. Luego actualicé este mismo artículo en mi blog Al otro lado del silencio.

Pasen y lean:

Fiel a su estilo, la primera vez que el comandante Hugo Chávez Frías llegó al Paraguay, lo hizo protagonizando un llamativo show.

Su avión aterrizó en el Aeropuerto Silvio Pettirossi alrededor de las 6 de la mañana del jueves 14 de agosto de 2003, pocos minutos después del avión del comandante cubano Fidel Castro, quien también llegaba por primera vez al país.

Al ingresar al salón VIP donde lo aguardaban las autoridades paraguayas, Chávez sintió que alguien apareció de golpe desde atrás, para susto de sus guardaespaldas.

Antes de que pudiera darse vuelta, escuchó el conocido vozarrón:

¡Buuuh…! ¡Con que aquí estás, bandido!

No era otro que su mentor político, el anciano comandante Fidel, jugándole bromas cual niño travieso.

Chávez no se quedó atrás y le retrucó con otra broma. Las risas estruendosas de ambos rompieron el cuidado protocolo de recepción a los jefes de Estado y autoridades extranjeras que llegaban para la ceremonia de asunción del nuevo mandatario paraguayo, Nicanor Duarte Frutos.

A muchos corresponsales de prensa y analistas internacionales les sorprendió que un candidato electo por el Partido Colorado —considerado de derecha, con casi 60 años en el poder, de los cuales había sostenido durante 35 años a la dictadura del general Alfredo Stroessner, para quien los comunistas y socialistas eran sus más acérrimos enemigos—, invitara a los más polémicos líderes de la izquierda latinoamericana.

Pero Nicanor, en su discurso, había sabido combinar elementos de las ideologías más diversas, y en aquella oportunidad, se lució confraternizando con Chávez y Fidel como si fueran camaradas de toda la vida, para bochorno de muchos dirigentes de la izquierda local.

Hugo Chávez con Nicanor Duarte Frutos en Asunción, en 2003. El comandante venezolano le regaló al presidente paraguayo una réplica de la espada de Simón Bolívar. / Archivo

Con la mira en el Mercosur

Histriónico y mediático, Chávez acaparó los medios de comunicación paraguayos, dando extensas entrevistas, especialmente a los canales televisivos. En medio de cada reportaje extraía un pequeño ejemplar de bolsillo de la Constitución venezolana y se lo regalaba al periodista.

A Nicanor le regaló una réplica de la espada del prócer libertador Simón Bolívar, pidiéndole que la use «para combatir a la corrupción».

Pero un «regalo» menos simbólico llegaría años más tarde, en julio de 2006, con la firma en Caracas de un convenio entre Chávez y Nicanor, que inició la provisión de petróleo venezolano al Paraguay, en un promedio de 18.600 barriles diarios de «crudo, productos refinados o gas licuado». Paraguay debía recibir el crudo y sus derivados en condiciones de pago ventajosas, por un monto anual cercano a los 90 millones de dólares.

El manejo de la compra del petróleo tuvo sus bemoles y la petrolera estatal paraguaya Petropar terminó acumulando una millonaria deuda con su par venezolana PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.), que ascendía a unos 264 millones de dólares (luego, con los intereses, llegaría a cerca de 400 millones). La legitimidad de la deuda es cuestionada por sectores políticos y periodísticos.

Pero el verdadero trasfondo del coqueteo político se empezó a desarrollar mucho antes, cuando el 4 de julio de 2006 se firmó en Caracas el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur, con la intención de que el país caribeño ingrese como miembro pleno al mercado común regional.

A pesar de las aparentes diferencias ideológicas, el colorado Nicanor fue el principal abanderado de la inclusión de Venezuela al Mercosur, causa que desde el principio encontró fuerte resistencia en la mayoría de legisladores del Parlamento paraguayo.

La relación de Duarte Frutos con Chávez no solo se midió por el discurso o los convenios político-económicos, sino incluso por la imitación del look en la vestimenta: en julio de 2004, durante un acto político en la ciudad de San Pedro del Ycuamandyyu, Nicanor sorprendió luciendo una chaqueta militar y una boina similar a las que el comandante venezolano acostumbra usar.

Años más tarde, su sucesor, Fernando Lugo, más identificado con el progresismo de izquierda, también se luciría con otra boina parecida.

El look de la boina que impuso Chávez y que luego le copiaron Nicanor y Lugo. / Gentileza.

La segunda visita de Chávez al Paraguay

El 15 de agosto de 2008, el comandante Hugo Chávez regresó al Paraguay para celebrar con indisimulada alegría la asunción de un nuevo mandatario, en este caso ideológicamente más cercano a su proyecto bolivariano.

Esta vez, su presencia tuvo picos de show mediático inolvidables. Durante un festival en el Palacio de López, Chávez y Lugo subieron al escenario a cantar, junto al músico Rolando Chaparro y al exmonje y guardaespaldas presidencial, Marcial Congo, la canción contestataria «Todo cambia». Las imágenes de ambos mandatarios desentonando a viva voz recorrieron el mundo y se convirtieron en un ícono político.

Las esperanzas de Chávez eran de que Lugo pueda obtener lo que Nicanor no pudo: la aprobación del Congreso paraguayo al ingreso de Venezuela al Mercosur, el único obstáculo que permanecía insalvable desde 2006, ya que todos los demás países miembros (Argentina, Brasil y Uruguay) habían dado su acuerdo.

Los cuestionamientos de la mayoría de los legisladores paraguayos eran principalmente de tipo ideológico, y se profundizaron durante el Gobierno de Lugo, al levantarse la sospecha sobre un supuesto plan de sectores de izquierda de arrastrar al Paraguay hacia el mismo modelo político del Socialismo del Siglo XXI, campaña a la que se sumaron los propios liberales aliados a Lugo, incluyendo a su entonces vicepresidente, Federico Franco.

Esta presunta amenaza se sumó a las argumentaciones que provocaron la destitución de Lugo, tras un juicio político parlamentario, el 22 de junio de 2012. Crisis que motivó la suspensión del Paraguay en el Mercosur y fue aprovechada por los demás países miembros para aprobar la inclusión de Venezuela.

Fernando Lugo y Hugo Chávez sellaron una alianza ideológica, a favor de los gobiernos bolivarianos en el continente. Ambos procesos fueron interrumpidos. / Archivo

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Hasta aquí nuestro clásico reportaje, que ha vuelto a cobrar actualidad, a raíz de la controvertida intervención militar que realizaron tropas armadas de Estados Unidos en Venezuela, el pasado sábado 4 de enero, para capturar y extraer por la fuerza al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, para llevarlos a Nueva York, donde se le han abierto acusaciones ante la Justicia por conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para introducir cocaína en Estados Unidos y otros delitos relacionados con armas.

La relación de Santi Peña con Venezuela y EEUU

Como era de esperarse, el gobierno del Paraguay fue uno de los primeros en pronunciarse en apoyo a la acción de Estados Unidos, que dividió a los gobiernos de la región, ya que los considerados progresistas o de izquierda, como Brasil, Colombia, México, Chile, Uruguay, condenaron lo que consideran una abierta violación al derecho internacional de no injerencia, que constituye un “precedente sumamente peligroso” para la paz y la seguridad regional, que pone en riesgo a la población civil, mientras que los gobiernos conservadores o de derecha, alineados con Estados Unidos, aplaudieron “la captura del dictador” y lo que denominan “la liberación de Venezuela

En un comunicado emitido el mismo sábado, Peña afirmó: “El Gobierno del Paraguay ha tenido siempre una posición de compromiso innegociable con la democracia, el Estado de Derecho y la vigencia plena de los derechos humanos en Venezuela, y por ello ha venido alertando hace tiempo sobre la situación insostenible del régimen ilegítimo, rapaz y dictatorial de Nicolás Maduro, que tanto daño ha causado a ese noble pueblo.  Su caída solo puede ser una buena noticia. En estas horas decisivas, instamos a priorizar por sobre todo las vías democráticas y el bienestar de los venezolanos.”.

El gobierno paraguayo ha sido uno de los pocos, junto al de Argentina y Ecuador, que habían secundado a Estados Unidos en la acción de declarar por decreto al presunto Cartel de los Soles como “organización terrorista internacional”.

La existencia de una supuesta organización criminal dedicada al tráfico de drogas desde Venezuela hacia Estados Unidos, similar al famoso Cartel de Medellín de Pablo Escobar Gaviria en Colombia, y que en este caso supuestamente estaba liderado por el propio presidente venezolano Nicolás Maduro, fue una de las principales acusaciones del presidente norteamericano Donald Trump y miembros de su gabinete para justificar la campaña contra Maduro y el gobierno de Venezuela, hasta llegar a su arbitraria captura y extracción con una intervención militar armada el 4 de enero, llevándolo para someterlo a juicio en una corte de Nueva York.

Parte del decreto de Santi Peña en que declara «organización internacional terrorista» al Cartel de los Soles, presuntamente liderado por Maduro. Luego la Fiscalía de Estados Unidos afirmó que el cartel «no tiene existencia real». WTF? / Gentileza

El bluf del Cartel de los Soles

En noviembre de 2025, el Departamento de Estado de EEUU designó al supuesto Cartel de los Soles como “organización terrorista extranjera (FTO)” y se dispuso a combatirlo.

“Con sede en Venezuela, el cartel de los Soles es dirigido por Nicolás Maduro y otros altos cargos del régimen ilegítimo de Maduro que han corrompido al ejército, los servicios de inteligencia, la legislatura y la judicatura de Venezuela. Ni Maduro ni sus compinches representan al gobierno legítimo de Venezuela. El cartel de los Soles, junto con otras organizaciones terroristas extranjeras designadas, como Tren de Aragua y el cartel de Sinaloa, son responsables de la violencia terrorista en todo nuestro hemisferio, así como del tráfico de drogas a Estados Unidos y Europa”, sostuvo el informe de prensa entregado por la oficina del secretario de Estado, Marco Rubio.

Rápidamente, los gobiernos de Ecuador, Paraguay y Argentina respaldaron las medidas, declarando también por decreto al “Cartel de los Soles” de Maduro como “organización terrorista internacional”.

En el caso del Paraguay, el presidente Santiago Peña firmó en agosto de 2025 el decreto 4435, “por el cual se designa a la organización delictiva transnacional denominada ‘Cartel de los Soles’ como organización internacional terrorista”.

Desde entonces, varios expertos internacionales en crimen organizado han sostenido que “el presunto Cartel de los Soles no existe” y que esta es una denominación genérica inventada por los periodistas para hablar de militares venezolanos acusados de hechos de corrupción. El centro de estudios InSight Crime, destacó que el Cartel de los Soles “no es un grupo jerárquico o ideológico. Su estructura está constituida por una red difusa de células instaladas dentro de las principales ramas castrenses de Venezuela: el ejército, la marina, la fuerza aérea y la guardia nacional, desde los rangos más bajos a los más altos”.

“Están designando como organización terrorista a algo que no lo es”, dijo en noviembre de 2025 a la CNN Brian Finucane, exabogado del Departamento de Estado especializado en cuestiones relacionadas con los poderes bélicos.

El experto aseguró que el gobierno de Trump estaba “inventando un patrón de hechos” y “creando una realidad alternativa” para poder caracterizar públicamente su política hacia Venezuela como una campaña antiterrorista. “Tradicionalmente, Estados Unidos ha tratado la lucha contra el narcotráfico como una cuestión de aplicación de la ley, pero el presidente Trump ha buscado cada vez más militarizar esos esfuerzos y aplicar las herramientas y autoridades tradicionales de lucha contra el terrorismo”, explicó.

Como si fuera un Nostradamus de la política, Finucane advirtió: “Lo preocupante de esta medida es que podría ser el preludio de una acción militar contra el propio Gobierno venezolano. Es otro paso en los esfuerzos del secretario Rubio por encubrir una operación de cambio de régimen bajo la apariencia de la lucha contra el narcotráfico”.

Dos meses después, la propia Justicia norteamericana le dio la razón.

Llamativamente, tras la detención de Nicolás Maduro y su presentación ante una Corte norteamericana, la Fiscalía estadounidense se apuró en modificar el documento de la acusación, eliminando la referencia a Maduro como líder de la presunta organización criminal, sosteniendo que el Cartel de los Soles “no tiene una existencia real”, sino que se refiere solo a “un sistema de clientelismo”.

De este modo, desapareció una de los principales argumentos de Trump para acusar a Maduro. De paso, la Fiscalía dejó a los gobiernos que también declararon al Cartel de los Soles como “organización terrorista” -entre ellos el del Paraguay- con la pésima imagen de haber avalado un “bluf”, una fanfarronada o engaño.

“Basta leer la acusación o imputación de la Fiscalía de Nueva York. No aparece el Cártel de los Soles en las 25 páginas, nada. Así quedaron (como payasos) Santiago Peña, el Ministerio de Relaciones Exteriores y todos los países que reconocieron en un comunicado oficial a ese cártel como ‘organización terrorista desestabilizadora de la seguridad regional y mundial’. Sin pedir previamente alguna mínima prueba de la existencia a Estados Unidos”, declaró la dirigente de oposición Desirée Masi.

“Eso pasa cuando uno es muy servil, y actúa con exceso de lambisconería, quedan en ridículo porque siempre estuvo en duda la existencia real de tal Cártel”, apuntó igualmente el senador liberal Ever Villalba.

El comunicado del Gobierno paraguayo tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. / Gentileza

El cartismo y Venezuela: idas y vueltas

Nicolás Maduro era canciller del gobierno de Hugo Chávez y viajó rápidamente a Asunción en junio de 2012, cuando se produjeron los sucesos del Caso Curuguaty, un enfrentamiento entre campesinos y policías que dejó 17 personas muertas a balazos, provocando una gran crisis política que derivó en el juicio parlamentario del presidente Fernando Lugo y su rápida destitución.

Maduro lideró una comitiva de Cancilleres que trajeron su solidaridad a Lugo ante su inminente salida del poder. En un video que luego se hizo público, se lo ve ingresando a una reunión de militares paraguayos, donde supuestamente trató de convencerlos de que se alcen en armas para impedir que el presidente sea destituido.

En base a este video, el gobierno que asumió, bajo la presidencia del liberal Federico Franco, expulsó del país al entonces embajador venezolano en Asunción, José F. Javier Arrúe de Pablo, alegando “las graves evidencias de intervención por parte de funcionarios de la República Bolivariana de Venezuela en asuntos internos de la República del Paraguay».

Paralelamente, el presidente Hugo Chávez dispuso interrumpir toda venta de petróleo venezolano al Paraguay.

En octubre de 2013, cuando ya Maduro se convirtió en presidente de Venezuela tras la muerte de Hugo Chávez, y en Paraguay asumió el colorado Horacio Cartes, el entonces canciller venezolano Elías Jaua visitó Asunción y acordó restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países. Cartes y Maduro habían hablado por teléfono, decidiendo dejar de lado las diferencias políticas y retomar los contactos.

El nuevo romance político no duró mucho. En enero de 2017, Cartes llamó al embajador paraguayo en Caracas, Enrique Jara Ocampos y le ordenó que cierre la representación diplomática, molesto porque Maduro se había referido a Cartes y a su entorno como “la oligarquía paraguaya corrupta y narcotraficante”, por poner trabas a la continuidad de Venezuela en el Mercosur.

El sucesor de Cartes, Marito Abdo, quien asumió la presidencia en 2018, mantuvo la continuidad de las relaciones con Venezuela durante un año, hasta que Maduro fue reelecto en otras cuestionadas elecciones, en 2019. Ese mismo día, Marito anunció una nueva ruptura de relaciones, por considerar que las votaciones fueron fraudulentas.

Santiago Peña quiso cambiar la historia. En su campaña electoral para el periodo siguiente de la presidencia, prometió restablecer las relaciones diplomáticas de Paraguay con Venezuela y así lo hizo en 2023, tras ganar los comicios. Se reabrieron las correspondientes embajadas en cada país.

Las relaciones tampoco duraron por mucho tiempo. La crisis ocasionada en torno a las elecciones de 2024, cuando Maduro se presentó a un tercer mandato y se proclamó como ganador, a pesar de que los observadores y la mayor parte de los gobiernos aseguraron que el ganador fue el opositor Edmundo González, llevó a que el Paraguay y Venezuela nuevamente rompan relaciones diplomáticas, cerrando sus respectivas embajadas y retirando a sus embajadores.

Desde entonces, el actual gobierno paraguayo cerró filas con el gobierno norteamericano de Donald Trump, cerrándose a toda posible nueva relación con Venezuela.

Horacio Cartes saluda a Nicolás Maduro durante un encuentro internacional. / Gentileza

La deuda por el petróleo venezolano

En agosto de 2025, la Cancillería paraguaya emitió un comunicado que recomendaba a los ciudadanos no viajar a Venezuela debido a la inseguridad y la crisis institucional.

“El Paraguay no tiene embajada o consulado operando en Venezuela y se ve limitado de brindar servicios de asistencia a los paraguayos que pudieran requerirlo”, expresaba.

El pronunciamiento motivó una enérgica respuesta del Ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello: «Mamarrachos los que gobiernan ese país. Paguen lo que nos deben a nosotros, paguen lo que le deben a Venezuela, paguen lo que le deben al pueblo de Venezuela en vez de estar hablando tanta bolsería (tontería). Más de 300 millones de dólares nos deben. Todas esas declaraciones son para no pagar lo que nos deben».

El reclamo trajo nuevamente al tapete el espinoso tema de la deuda contraída por el gobierno paraguayo desde las épocas de Nicanor y de Lugo.

El procurador paraguayo, Marco Aurelio González, explicó que el gobierno paraguayo reconoce que la deuda existe, pero que el conflicto radicaba en «la tasa de interés que se quiere aplicar» por parte del gobierno de Maduro.

“La deuda de Petropar con PDVSA, que supera USD 300 millones, arrastra cinco gobiernos y puede llegar a USD 500 millones”, informaba el medio digital Parámetro, destacando que “el caso llegó a la Cámara de Comercio Internacional (CCI) en París, donde PDVSA presentó una demanda arbitral en 2016. El tribunal se declaró competente en 2018, pero en marzo de 2019 ordenó la suspensión del proceso tras la disputa por la representación legítima de Venezuela. Desde entonces, el arbitraje está en ‘stand by’ y no hay laudo definitivo”.

La publicación sostiene que “Paraguay reconoce unos USD 280–300 millones como capital adeudado, pero rechaza los intereses moratorios reclamados por Venezuela. Si prosperan esos reclamos, el total podría superar los USD 500 millones (Gs. 3,725 billones), duplicando prácticamente el capital original”.

Reacción del ministro venezolano Diosdado Cabello sobre la deuda del Paraguay con PDVSA. / Gentileza

La sumisión del Paraguay a las políticas de Trump

El presidente paraguayo Santiago Peña se ha convertido en uno de los más entusiastas adeptos de la agresiva política implementada por el mandatario norteamericano Donald Trump, que en los últimos meses ha aumentado su agresividad imperialista, tanto a nivel interno como internacional.

Trump ha reflotado la controvertida “Doctrina Monroe”, creada en 1823 por el presidente James Monroe para «proteger» al continente americano y que acabó convirtiendo a Latinoamérica en el «patio trasero» de Washington. De allí viene la frase “América para los americanos” que ahora enarbola Trump, quien ha actualizado el planteamiento con mayor agresividad, denominándola “Doctrina Donroe”.

El reciente documento Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025, dado a conocer en noviembre último por la Casa Blanca, establece las nuevas líneas de acción, redefine su política exterior con un enfoque centrado en el hemisferio occidental y la defensa estricta del interés nacional. Dentro de sus directrices, América Latina se convierte en terreno de competencia estratégica.

El gobierno paraguayo no solamente viene apoyando decididamente esta política, sino que recientemente ha firmado un controvertido Acuerdo sobre el Estatuto de Fuerzas (SOFA) con Estados Unidos, en donde se otorga luz verde para que tropas norteamericanas realicen ejercicios militares en nuestro país y, como punto más cuestionado, se les otorga inmunidad en el caso de que sus integrantes cometan delitos en territorio paraguayo.

La sumamente complaciente posición paraguaya ante Estados Unidos, junto al también incondicional apoyo a Israel y Taiwán, es criticada por miembros de la oposición.

Mensaje de Santiago Peña tras la captura de Nicolás Maduro por tropas de EEUU. / Gentileza

Nuevos desafíos en una época compleja

Las nuevas movidas del tablero político y económico internacional, a raíz de la criticada acción norteamericana en Venezuela, abren nuevos desafíos para el gobierno paraguayo.

Estados Unidos quiere a China fuera de su hemisferio occidental, es decir, Latinoamérica, lo cual traerá conflictos para los países que ya mantienen millonarias operaciones con el gigante asiático, como Brasil, Chile, Perú. El Paraguay es uno de los pocos países que no mantiene relaciones diplomáticas con China y se mantiene asociado a Taiwán, a pesar de que, en la práctica, China es el principal importador de Paraguay y deja a EEUU en tercer lugar, según un estudio del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep). Además, basta darse una vuelta por los comercios de Ciudad del Este para darse cuenta de que, casi todo lo que se vende allí a precios ventajosos tiene origen chino.

En el trasfondo, aparecen muchas preguntas: ¿Restablecerá el Paraguay las relaciones diplomáticas con Venezuela, ahora que aparentemente soplan nuevos aires, aunque el chavismo sigue en el poder? ¿Cómo resolverá la millonaria deuda que se mantiene con PDVSA? ¿Influirá el nuevo Acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea en las relaciones de Asunción con Washington?

Fernando Lugo y Hugo Chávez cantan el tema «Todo cambia» en el escenario del Palacio de López, la noche del 15 de agosto de 2008. Eran otras épocas. / Archivo