Cuando supo que la canción Pedro Canoero, de la cantautora Teresa Parodi está inspirada en un remero paraguayo del Lago Ypacaraí y que la propia autora vendría al Paraguay para cantar e inaugurar la escultura erigida acerca del personaje en la playa de San Bernardino, el reconocido artista visual Diego Martín Diarte Añazco se sintió motivado a crear también una obra para homenajear a la admirada cantora internacional.
El resultado es un maravilloso y original prendedor, de 9 centímetros de alto por 6 de ancho, que Diego le entregará personalmente el viernes, cerca del mediodía, durante el encuentro que Teresa mantendrá con artistas paraguayos, promotores culturales y miembros de la prensa, en Tatano Hotel Boutique, antes del gran festival que se realizará a las 19.30 en la playa de San Bernardino.
“Este prendedor, inspirado en la canción Pedro Canoero, se resignifica como una pieza donde la memoria, el paisaje y la identidad se funden en un solo cuerpo simbólico”, explica Diego, desde su natal Isla Pucú, donde vive y crea obras de gran impacto.
Relata que la obra tiene entre sus elementos simbólico una canoa. “Está concebida en madera de “timbó, material noble y esencial en la artesanía cordillerana. Esta elección no es solo técnica: es territorial. La obra nace desde la materia misma de la región, como si Pedro no solo habitara el río, sino también el árbol que dio forma a su deriva”.
“En su interior, encapsulada como en un pequeño universo, se guarda la inmensidad del lago: no representado de forma literal, sino contenido, suspendido, como un recuerdo que no se disipa. El esmalte azul profundo, atravesado por destellos, evoca ese atardecer final donde el tiempo parece detenerse antes de desaparecer”, explica el artista.
También define que, a ambos lados de la canoa, “el lenguaje simbólico se ordena en seis ondulaciones: Tres en el lado izquierdo, que remiten al instante originario, al momento en que Pedro, inspira la canción, como un susurro primero sobre el agua. Tres en el lado derecho, que encarnan el recuerdo inmarcesible, aquello que persiste aun cuando la presencia ya no está”.

Pedro Canoero, “corazón de arcilla”
En la canción, Teresa describe a Pedro Canoero como un hombre de “corazón de arcilla”, uniendo la vida del trabajador con lo que es la alfarería cordillerana.
En su obra, Diego señala que “el corazón de arcilla permanece en el centro, irregular, humano, como testigo silencioso de esa travesía sin orillas”.
Igualmente, destaca que “la pieza se enriquece además con una sutil guarda del poncho para’i de 60 listas, interpretada en tonos azules que evocan al lago, mientras finos acentos dorados capturan la luz de ese último sol. Esta geometría textil introduce ritmo, herencia y pertenencia”.
La guarda del poncho está realizada por otra gran artista cordillerana, la Maestra artesana Rosa Segovia, principal creadora del poncho para’i de 60 listas en la ciudad de Piribebuy, obra que fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial en Salvaguarda Urgente por la Unesco en 2023.
Finalmente, dice Diego, “la inmensidad del atardecer se sugiere en la delicadeza del Ñanduti: como trama etérea, casi invisible, que envuelve la pieza como el aire mismo. Es la expansión de lo íntimo hacia lo infinito. Así, el prendedor es más que una historia: la contiene. No ilustra a Pedro: lo deja ir. Y en ese gesto, lo vuelve eterno”.
Acerca del proceso, el artista relata: “La canoa lo tallé en madera de timbo, el Ñanduti lo tejí y luego lo pinté para conseguir el degradado del atardecer”.
De esta forma, el significado estructural de la obra que recibirá Teresa Parodi es el siguiente:
# El semicírculo superior en degradé cálido (amarillo–naranja) sugiere al atardecer.
# La canoa central – eje narrativo: tránsito, memoria, viaje emocional.
# El corazón incrustado – dimensión íntima: afecto, pérdida/permanencia.
# La base textil azul con flecos evoca agua o profundidad, reforzando la idea de inmensidad y sostén.
# La estética es neo-folk o folk contemporáneo. “La mezcla entre materiales tradicionales y una composición conceptual la ubica lo que podría denominarse como una estética neo-folk latinoamericana, donde lo ancestral se reinterpreta desde una sensibilidad actual”, explica Diego.
Con respecto al relieve y la materialidad, el uso de volumen (canoa y corazón) rompe con la bidimensionalidad del tejido. “Esto introduce una cualidad escultórica, cercana al arte objeto o al ensamblaje. La obra proyecta una sensación de nostalgia luminosa: hay calidez, pero también memoria. No es festiva en un sentido superficial, sino evocativa”, agrega el artista cordillerano.
Diego es reconocido como diseñador con su marca “Dimardi” y su base de operaciones es la ciudad de Isla Pucú, Cordillera, en donde se pueden apreciar muchas de sus obras en el paisaje urbano, como murales, mosaicos, cuadros, incluyendo a la instalación del pesebre gigante de objetos reciclados que atrae a miles de visitantes cada fin de año en la Ciclovía de Isla Pucú.

