Presentación del primer libro en 3 de Febrero, una verdadera fiesta popular

El docente Ángel Atilio Aguilera Gamarra, director del Colegio Nacional 3 de Febrero, presentó su primer libro de poemas, “Semillas de Ausencias y Esperanzas”, con el sello editorial Ñe'ẽ Raity, que es también el primer libro que se presenta en la historia de su comunidad. El acto, realizado el pasado 12 de junio, fue una verdadera fiesta popular que congregó a muchos vecinos, autoridades y referentes del distrito. Estuvimos allí y les ofrecemos un reporte de la emotiva celebración.

A la entrada del pueblo estallan las naranjas y las mandarinas doradas en los patios de las casas. Verdes chacras con verduras y hortalizas que resisten ante los extensos campos de soja transgénica. En la pequeña y hermosa localidad de 3 de Febrero, antiguamente conocida como Yukyry, denominada también “la capital del tomate”, en el Departamento de Caaguazú, a 218 kilómetros de Asunción, nunca antes se había realizado la presentación de un libro.

Uno de sus más reconocidos pobladores, el docente Ángel Atilio Aguilera Gamarra, director del Colegio Nacional 3 de Febrero, se decidió a romper el silencio, acercando sus poemas y artículos literarios a nuestro emergente sello editorial Ñe’ẽ Raity, que pronto cobró la forma de un libro, que pudimos presentar con muy buena receptividad en la Feria Internacional del Libro FIL Asunción, el pasado 30 de mayo.

Quedaba el desafío de la presentación en la propia comunidad del autor. La fecha elegida fue el 12 de junio, Día de la Paz del Chaco, a las 14.00, en el domicilio de la familia Aguilera Duarte.

Llegamos con Desirée Esquivel Almada y nuestra amiga Ña Teo en horas de la mañana, disfrutando de un cálido recibimiento, un tour previo por las plantaciones de tomate, donde recibimos generosos obsequios de verduras, frutas, miel, queso, maní, entre otras delicias. Una rica sopa de gallina casera en el almuerzo fue la antesala para lo que vino después, a medida en que la gente iba llegando al lugar, hasta colmar el lugar donde se realizó la presentación.

El autor, Ángel Atilio Aguilera, entregando un ejemplar dedicado como homenaje a sus padres, Mariana y Antonio Alicio. / Gentileza.

Un viaje por la memoria

Como directora editorial de Ñe’ẽ Raity – Espacio Creativo, Desirée se encargó de presentar el libro, destacando la profunda sensibilidad social del autor, como poeta y docente de humilde extracción rural.

“Esta obra no pretende ser la de un poeta consagrado, sino el testimonio de alguien que escribe porque necesita compartir lo que brota del corazón. Es un viaje por la memoria de un hijo de campesinos que aprendió el valor del trabajo y la dureza de la tierra. Cada capítulo es una ventana abierta a las ausencias: los montes talados, los naranjales marchitos y las comunidades que se vacían. Pero también es un canto a la dignidad. Porque detrás de cada árbol caído permanece la figura del campesino y la voz del poeta. Ambos sostienen la vida: uno con las manos curtidas en la tierra; el otro, con versos que brotan del alma”, indicó.

Hubo momentos muy emotivos, como cuando Ángel Atilio entregó un ejemplar especialmente dedicado a su padre Antonio Alicio y a su madre Mariana, una esforzada pareja de campesinos asentados en la compañía Santa Librada, que supieron sacar adelante con los trabajos de la chacra la crianza y educación de sus hijos. También quienes fueron sus maestras de castellano y literatura en la escuela y en el colegio destacaron su esmero y disciplina desde niño, llegando a recibirse como mejor egresado en la promoción 2001 del Colegio Nacional 3 de febrero.

Diversos testimonios, como el del ex gobernador de Caaguazú, César Brítez Amarilla, resaltaron la excelencia del autor y docente como un gran referente de la comunidad y de toda la región.

“Este es el primer libro que se presenta en todo el distrito de 3 de febrero y es un orgullo que lo haya hecho uno de los hijos más queridos del distrito”, confirmó el educador Bláz López, quien ofició de maestro de ceremonia.

También sus estudiantes, que días antes le habían tributado un emotivo homenaje en el local del colegio, participaron del lanzamiento. Jóvenes artistas ofrecieron la interpretación de polcas y guaranias con mucho talento, otorgándole al acto un ambiente de verdadera fiesta popular.

Desirée Esquivel Almada, directora editorial de Ñe’ẽ Raity, durante la presentación del libro. / Gentileza.
Parte de la concurrencia en la presentación del libro. / Gentileza
Jóvenes artistas animaron el acto con bellas canciones. / Gentileza
Ángel Atilio, firmando dedicatorias en su nuevo libro a una lectora. / Gentileza
Alumnos del Colegio 3 de febrero homenajearon a su director por haber escrito y publicado el primer libro en todo el distrito. / Gentileza
Recorriendo los cultivos de «la capital del tomate».
Disfrutando de un rico almuerzo con gallina casera en la casa de la familia Aguilera Duarte, en 3 de Febrero.

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[Un texto extraído del libro:]

La semilla y la deuda

Por Ángel Atilio Aguilera Gamarra

En el corazón del campo paraguayo, el amanecer no trae descanso, sino deber. El campesino despierta antes que el sol, con el canto de los gallos y el murmullo de la tierra que reclama sus manos.

Cada semilla que deposita en el suelo es un acto de fe: cree que de ella brotará alimento, futuro y dignidad. Pero, al llegar la cosecha, el precio impuesto por los intermediarios se convierte en sentencia.

El fruto de meses de sudor se reduce a monedas que apenas alcanzan para pagar las deudas, que crecen como maleza.

La tierra, que debía ser herencia para sus hijos, se convierte en mercancía. Los montes y naranjales, que antes daban sombra y vida, son vendidos a extranjeros que los transforman en extensos campos de soja.

El paisaje cambia y, con él, la esperanza. Donde antes había comunidad, ahora hay soledad; donde antes había diversidad, ahora hay monocultivo.

El campesino carga con un sacrificio invisible: sostiene la tierra con su esfuerzo, pero la tierra se le escapa de las manos.

Su lucha no es solo contra el sol y la lluvia, sino contra un sistema que lo condena a perder incluso aquello que sembró con amor.

La tierra vendida

La tierra, que alguna vez fue refugio y esperanza, se convierte en mercancía. El campesino paraguayo la mira con nostalgia, recordando los montes que daban sombra y los naranjales que perfumaban el aire.

Esa tierra debía ser herencia para sus hijos, un legado de trabajo y dignidad; sin embargo, las deudas lo cercan, los precios injustos lo asfixian y la única salida que le queda es vender lo que más ama.  

Los compradores llegan desde lejos, con acentos distintos y bolsillos llenos. No buscan comunidad ni raíces, solo extensión y rendimiento.

Donde antes había diversidad de cultivos, ahora se despliegan interminables campos de soja y trigo.

El paisaje cambia: los pájaros emigran, los arroyos se secan y el silencio reemplaza al bullicio de la vida campesina. El campesino siente que no solo vende tierra, sino también memoria.

Cada parcela entregada es un pedazo de historia que se pierde. Los vecinos ya no se reconocen, porque las comunidades se fragmentan y los vínculos se rompen.

La tierra, que debía ser símbolo de pertenencia, se transforma en símbolo de despojo.  

En las noches, el campesino se pregunta qué será de sus hijos, ¿qué herencia les quedará si la tierra ya no es suya?, ¿qué identidad podrán sostener si el suelo que los vio crecer ahora pertenece a otros?

La venta de la tierra no es solo un acto económico: es una herida que atraviesa generaciones, un desarraigo que se multiplica en silencio.