Extender la vida: cuando una conversación puede ser una oportunidad para otra persona

En Paraguay, cada año cientos de personas esperan un trasplante. Mientras la donación continúa enfrentando mitos, temores y negativas familiares, el sistema nacional busca una respuesta que empieza antes de la donación: formar profesionales, acompañar a las familias, mejorar los procesos y, sobre todo, lograr que las personas hablen en vida sobre la decisión de donar.

Hay decisiones que aun después de la vida, pueden tener consecuencias en la historia de alguien más. En Paraguay, 301 personas —entre ellas 16 pacientes pediátricos— se encuentran actualmente en lista de espera para recibir un trasplante, mientras que durante 2026 ya se concretaron 84 trasplantes, según los datos presentados por el Instituto Nacional de Ablación y Trasplante (INAT) al 9 de julio. Detrás de cada número hay una historia que espera continuar. Una persona que quiere volver a estudiar, trabajar, jugar con sus hijos, abrazar a su familia o simplemente recuperar una parte de la vida cotidiana que una enfermedad le fue quitando. Por eso, hablar de donación de órganos es más que referirse a la ablación y el trasplante como procedimientos médicos; es hablar de la posibilidad de que una historia continúe a través de un gesto de solidaridad.

Hablar de donación de órganos es más que referirse a la ablación y el trasplante como procedimientos médicos.

Una historia que comenzó hace 40 años

El 18 de diciembre de 1985, el Hospital de Clínicas realizó el primer trasplante renal exitoso en Paraguay. La intervención se realizó en una niña de 11 años y estuvo a cargo de un equipo encabezado por el doctor Mario Ciro Cañiza, con la participación de profesionales como Hernán Codas, Miguel Ángel Cardozo y Wilson Martínez, entre otros.

Once años después, el 9 de julio de 1996, Paraguay dio otro salto histórico: en el Centro Médico Bautista se realizó el primer trasplante cardíaco del país. El receptor fue Pedro Núñez, de 36 años, quien padecía una miocardiopatía severa, y el procedimiento estuvo encabezado por el doctor José Corvalán. Aquel acontecimiento dio origen a la conmemoración del Día Nacional del Trasplante, cada 9 de julio, como reconocimiento al desarrollo de esta área de la medicina paraguaya.

Pero hay algo que la medicina no puede producir por sí sola: El órgano que hace posible un trasplante depende de la decisión de una persona y de la generosidad de una sociedad. Desde entonces, el desafío ya no es solamente realizar un trasplante. Es construir un sistema capaz de detectar potenciales donantes, formar profesionales, garantizar la calidad de los órganos y tejidos, coordinar equipos y asegurar que cada órgano llegue a quien médicamente corresponde.

Toda persona mayor de 18 años es considerada donante después de su fallecimiento, salvo que haya expresado su oposición.

La conversación que puede darse hoy

En Paraguay, la Ley N.º 6170/2018, conocida como Ley Anita, establece que toda persona mayor de 18 años es considerada donante después de su fallecimiento, salvo que haya expresado su oposición. La legislación modificó de esta manera el régimen de donación y convirtió la condición de donante presunto en parte del marco nacional. Pero una ley no reemplaza una conversación, precisamente en un momento en el que una familia recibe una noticia que cambia todo, y la información médica puede ser difícil de comprender cuando el dolor ocupa el espacio. En ese escenario, pedirle a una familia que tome una decisión sobre la donación de órganos puede parecer, en principio, imposible.

De acuerdo con Pederzani, la negativa a la donación ronda actualmente el 40 %, tanto en los casos de menores de edad —en los que se requiere consentimiento de los padres— como en situaciones de personas adultas en las que las familias pueden oponerse de hecho al proceso.

Por eso, hablar de la decisión en vida es una forma de anticipar una conversación que, de otro modo, podría producirse en uno de los momentos más difíciles para una familia. El INAT recomienda que las personas comuniquen su voluntad a familiares y allegados. Cuando ocurre un fallecimiento, se verifica la voluntad registrada de la persona y, si no existe una constancia expresa de oposición, se aplican los procedimientos establecidos por la legislación.

Para Pederzani, expresar la voluntad en vida tiene un peso especial cuando llega el momento del fallecimiento. “No hay ningún problema si yo no quiero donar cuando fallezca. Pero si yo quiero donar cuando fallezca, debería asegurar de que eso ocurra”, sostiene. Y la manera más efectiva de hacerlo, es comunicarlo a los familiares cercanos; así, la petición solidaria en vida puede reaparecer e incluso transformar el dolor: “Si tu hermano, tu padre o tu hijo te dice: ‘Yo cuando fallezca quiero ser donante’, una vez que el fallecimiento ocurre, es como que esa voz te vuelve”, explica, resaltando que hablar de la decisión no significa anticipar la muerte sino permitir que quienes quedan tengan presente la voluntad de un ser querido de ayudar a otra persona.

La donación es contemplada favorablemente por diversas tradiciones religiosas como una expresión de solidaridad.

De los mitos a la información

Parte de la negativa a la donación también está relacionada con temores que persisten en la sociedad. Informar no obliga a donar. Permite decidir con menos miedo y más conocimiento. Y esa distinción resulta central para una política de donación sostenible: una sociedad que conoce el proceso puede discutirlo, cuestionarlo y tomar posición, pero ya no tiene que hacerlo desde el mito.

Uno de los mitos es la idea de que la muerte encefálica no equivale realmente a la muerte de la persona, cuando médicamente, la muerte encefálica es irreversible y significa el fallecimiento de la persona. Su diagnóstico se realiza mediante criterios y protocolos establecidos, independientemente de la decisión sobre una eventual donación.

Otro temor está relacionado con el cuerpo del ser querido y el miedo a su “mutilación”. Profesionales del INAT explican que la ablación de órganos es un procedimiento quirúrgico realizado bajo protocolos médicos y, una vez finalizado, el cuerpo recibe un tratamiento respetuoso y no es invasivo estéticamente: las incisiones son suturadas y el objetivo es preservar la integridad y dignidad de la persona fallecida.

También existen preguntas vinculadas a las creencias religiosas. Sin embargo, la donación es contemplada favorablemente por diversas tradiciones religiosas como una expresión de solidaridad, amor al prójimo y protección de la vida, tales son los ejemplos del catolicismo, el judaismo y el islam.

Una sociedad que cambió su manera de hablar del trasplante

Pederzani trabaja desde hace aproximadamente 15 años en el área. En ese tiempo observó una transformación que considera especialmente significativa. Al comienzo, recuerda, aproximadamente seis de cada diez familias rechazaban la donación. Hoy la relación se ha invertido y la negativa ronda el 40 %. Pero el cambio no está solamente en las cifras.

“Antes, al hablarle a la familia sobre el trasplante, ellos se sentían ofendidos, enojados e inclusive querían agredir al personal de salud”, relata. Hoy puede existir una negativa, pero la conversación es diferente. “Por más de que no acepten la donación, se habla en un ambiente de armonía, entendimiento”, señala. “Quieren estar en desacuerdo, pero aceptan dialogar el tema con nosotros”.

Ese cambio cultural es una de las señales más importantes para el futuro de la donación en Paraguay. La solución no ocurre de un día para otro: se construye cuando una sociedad comienza a considerar la donación como un tema del que se puede hablar.

La donación requiere profesionales preparados para identificar oportunamente a un potencial donante.

Cuando la decisión de una persona encuentra un sistema preparado

La formación universitaria, explica el médico, todavía no contempla de manera suficiente la donación y el trasplante como una competencia específica. “No es algo que se enseña en la facultad de Medicina, lastimosamente, ni en la facultad de Enfermería”, afirma. Muchas de estas capacidades deben adquirirse posteriormente mediante formación especializada.

“Si uno nunca piensa en que un paciente puede llegar a ser donante, nosotros jamás podemos intervenir y hacer la procuración del órgano para que sea donante”, señala el gerente médico. La frase resume uno de los problemas que el sistema busca resolver: la donación requiere profesionales preparados para identificar oportunamente a un potencial donante y activar los procedimientos correspondientes.

La respuesta ha sido fortalecer la capacitación dentro de los hospitales. Con acompañamiento técnico de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), el INAT viene desarrollando procesos de formación dirigidos a profesionales de salud para mejorar la identificación, manejo y procuración de potenciales donantes, especialmente en pacientes con muerte encefálica.

Actualmente, el programa se encuentra culminando su tercera cohorte, con aproximadamente 150 profesionales formados, respondiendo a la lógica: si más profesionales pueden reconocer a tiempo a un potencial donante, acompañar adecuadamente el proceso y comunicarse con su familia, existen mayores posibilidades de que una oportunidad de donación se transforme efectivamente en una oportunidad de vida.

Es allí donde la formación vuelve a adquirir importancia. “No es dejar que se le pase solo, hay que acompañar a la familia en ese momento de crisis”, explica el médico. Esto implica capacitar a los equipos para reconocer el momento adecuado, brindar información, responder preguntas y acompañar el duelo antes de abordar la posibilidad de donar.

En 2025, Paraguay concretó 173 trasplantes de órganos, a partir de 25 procesos de donación. Actualmente, el sistema registra 301 pacientes adultos y 16 pacientes pediátricos en lista de espera.

Cada uno de esos números representa una vida que espera. Pero también muestra la dimensión del desafío: la generosidad de una persona solamente puede convertirse en una oportunidad real cuando existe un sistema capaz de detectar al donante, cuidar sus órganos, coordinar los equipos, realizar la ablación, asignar el órgano y efectuar el trasplante.

Paraguay viene fortaleciendo esa capacidad. Además de la formación de profesionales en procuración hospitalaria, se desarrollan capacitaciones especializadas, entre ellas aquellas vinculadas al trasplante de córneas, y se trabaja en la preparación de equipos multidisciplinarios para ampliar las capacidades de trasplante de alta complejidad.

A esto se suma la puesta en marcha del Sistema Nacional de Ablación y Trasplante Paraguay (SINATPy), una herramienta destinada a fortalecer la gestión, coordinación y trazabilidad de los procesos de donación y trasplante.

La transformación, por lo tanto, ocurre en dos dimensiones simultáneas: se fortalece el sistema y se busca fortalecer la confianza de la sociedad en ese sistema.

El gesto que ninguna tecnología puede reemplazar

“Nosotros estudiamos muchísimo tiempo para adquirir la técnica en la cual cuidar los órganos para poder ser trasplantados, hacer el trasplante en sí, pero el dar el órgano no podemos hacer”, dice Pederzani.

Por eso, el sistema necesita algo que ocurre fuera de los hospitales: que las personas conozcan el proceso, derriben sus prejuicios y hablen de su decisión con quienes aman.

La campaña “Extendé la vida” impulsada por el INAT busca convertir esa conversación en un gesto cotidiano, desde una pregunta más cercana: ¿qué nos gustaría que entendieran de nuestra decisión nuestros seres queridos? Utilizando el tejido como metáfora de los vínculos: la campaña muestra que un hilo puede extender la vida, dando una posibilidad para alguien más.

La dimensión de la palabra “héroe” que propone es de una persona capaz de tomar una decisión consciente y comunicarla en vida. Una conversación puede ser el hilo que conecte una decisión con una nueva oportunidad de vida.

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(*) Redactado con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).