Un marzo sin marcha campesina

Durante 21 años, desde marzo de 1994, cientos o miles de campesinos llegados desde distintos puntos del país acostumbraron marchar por las calles de Asunción para plantear sus reclamos al Gobierno y a los demás poderes del Estado. Ya era un hábito verlos avanzar como oscuros fantasmas de la tierra. En el Marzo Paraguayo se unieron a los demás manifestantes para tumbar al gobierno oviedista que amenazaba con un retorno al autoritarismo. En este 2026, por primera vez, no hay marcha campesina. La FNC alega que “la lucha entra en una nueva etapa”. ¿Es un repliegue táctico, un cambio de estrategia o simplemente un cansancio organizacional?

Este marzo de 2026 se siente un poco raro.

Por primera vez en más de 31 años, las calles de Asunción se han quedado ausentes de la masiva presencia de numerosas familias campesinas que desde el año 1994, siempre en este mes, llegaban en oleadas ininterrumpidas a marchar por las calles de la capital, desde el viejo Seminario Metropolitano hasta el centro del poder, en la Plazas del Congreso, habiendo escrito episodios dramáticos de resistencia ciudadana, como en aquel Marzo Paraguayo de 1999, que le costó la vida a algunos de sus integrantes.

Este año, por primera vez, la Federación Nacional Campesina (FNC), quizás la mayor y más importante nucleación agraria, que organizaba la gran movilización, ha decidido no realizar la tradicional Marcha de todos los años.

En un escueto comunicado en sus redes sociales, la FNC informó:

«Tras más de tres décadas de marchas campesinas, la lucha entra en una nueva etapa.

Desde la Federación Nacional Campesina informamos que este año la Marcha Campesina, Indígena y Popular no se realizará en marzo.

Desde 1994, las marchas campesinas llevaron al centro del debate nacional la necesidad de la reforma agraria, la producción nacional y la soberanía del Paraguay.

Hoy ese debate se desarrolla en distintos espacios de organización popular, en todo el país.

La Marcha Campesina seguirá siendo una herramienta histórica de lucha del campesinado organizado.

La lucha por la tierra continua.”.

Y eso era todo.

No aclararon si era solo una pausa momentánea por este año o era realmente el final de una práctica que para muchos resultaba molesta e incomoda por sus cuestionamientos, y que para muchos más era un signo de resistencia y contagiaba esperanzas de que había un Paraguay profundo en marcha, más allá del aparente quietismo de un partido único atenazado en el poder.

En posteriores entrevistas, Marcial Gómez, uno de los líderes históricos de la FNC, dijo que las movilizaciones cumplieron “un papel muy importante” desde 1994, logrando visibilizar al campesinado como sujeto político y conquistando derechos históricos, pero aclaró que “el movimiento entra ahora en un periodo de debate interno para elaborar una propuesta de transformación que será presentada formalmente al Poder Ejecutivo”.

El gobierno del presidente Santiago Peña no ha dudado en presentar este repentino cambio como un supuesto triunfo de sus políticas en el campo.

El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez, ha intentado vender la suspensión de la marcha como como “un reflejo de un cambio en la lógica económica del sector, donde la intervención pública y la mejora de la productividad comienzan a sustituir a la movilización como herramienta principal. Un giro que refuerza el papel del campo en la economía paraguaya y apunta hacia un modelo más competitivo y sostenible”.

La propia Federación Nacional Campesina sin embargo lo desmiente.

En un reciente comunicado, la organización plantea:

“El MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería) y el INDERT (Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra) mienten cuando dicen que apoyan a la producción nacional. El MAG tiene 36% de presupuesto menos para 2026 y el INDERT no tiene presupuesto para compra de nuevas tierras, a pesar de su campaña de que ‘ahora se está haciendo la reforma agraria en Paraguay’. La lucha por la tierra es la lucha por la Patria. Sin reforma agraria no habrá paz».

Los rostros del Paraguay olvidado

Desde sus inicios, he venido acompañando como reportero el desarrollo de las marchas campesinas.

En un extenso reportaje publicado en 2013 narré la historia de las Marchas Campesinas. Lo pueden leer aquí.

En otro texto ya clásico, Los rostros del Paraguay olvidado, intenté describir ese episodio desde las facciones de quienes marchaban:

“Hay algo en esos rostros curtidos por el color de la tierra, como si ya fueran parte de ella.

Hay algo en esas miradas cándidas, tristes, melancólicas, de los niños y de las niñas. En esas miradas duras, sufridas y combatientes, de las mujeres del campo. Todas esas miradas tienen algo que duele, algo que emociona, algo que interpela.

Han llegado otra vez, marchando desde muy lejos, con sus reclamos que se reiteran en cada marzo húmedo y otoñal.

Han llegado desde sus verdes valles desolados, pueblos y comunidades rurales que siguen esperando en medio de la soledad y el olvido, a merced de las mismas miserias e injusticias seculares, que no cambian por más que cambien los Gobiernos o los colores partidarios.

Han llegado desde la profundidad de una historia repetida, desde el corazón de una memoria desgarrada, que tercamente insiste en rescatar sus antiguas utopías sobrevivientes.”

¿Hay realmente una nueva etapa para el campesinado que motiva a suspender estas marchas?

¿Es un repliegue táctico, un cambio de estrategia o simplemente un cansancio organizacional?

Marcha campesina, te vamos a extrañar.