Joaquín Ruiz investiga desde Francia para aportar a la revitalización del guaraní

Joaquín Ruiz es un antropólogo paraguayo que, desde Francia, investiga la relación entre lenguas, derechos y políticas públicas. Su trabajo busca aportar a la revitalización del guaraní y al fortalecimiento de una sociedad que valore y respete la diversidad.

Llegó a París hace quince años para formarse en una carrera que no existe en Paraguay. Ahora, ya como investigador, nos cuenta sobre los proyectos que desarrolla desde la academia, en los que siempre está presente la lengua guaraní.

Es una típica mañana de la primavera parisina: fresca y lluviosa. Mate de por medio, Joaquín Ruiz Zubizarreta nos va desgranando las etapas de su vida migrante en la ciudad que lo acoge desde el año 2010. Arrancamos hablando de lo que lo empujó a salir del Paraguay.

«De mita’i yo era curioso, y sigo siendo un poco. Leía mucho, pero también viajaba mucho al interior acompañándole a mi padre en sus viajes de trabajo. En estas ocasiones, descubría un poco del mundo que veía en mis lecturas y así aprendía el guaraní que en Asunción se escuchaba poco», rememora. También recuerda que cuando tenía 17 años, en uno de los test vocacionales que le hicieron, una psicóloga le dijo que tenía que estudiar antropología y todo porque el joven Joaquín le había hablado de los libros que leía. 

«Seguramente eran los últimos que leí en ese momento y habrá estado Cadogan (León Cadogan) ahí en esa lista, pero también libros de historia», comenta Ruiz.

La idea de ser antropólogo le gustó, pero por falta de oferta académica de la universidad pública en Paraguay, terminó estudiando la carrera de Derecho, aunque sin muchas ganas, según cuenta. «La idea siempre fue terminar la carrera y salir afuera a buscar. No sabía todavía qué, pero seguramente salir de la frustración. Y así fue como terminé, medio a los tumbos, en Francia», agrega. 

A Joaquín Ruiz le interesaba la filosofía del derecho, pero al final hizo un máster en antropología jurídica. Dice que esa fue la forma de hacer una especie de transición entre el derecho y la antropología. «Fue la manera de acercarme a la antropología que se me había perdido al comienzo del camino universitario. Terminé la maestría y me metí de lleno en la antropología, en un doctorado», relata. 

Desde la academia en Francia, pensando en Paraguay

En Montrieul, en las afueras de París, Joaquín formó familia y vive en un barrio tranquilo de casas bajas, lejos del ruido de la gran metrópolis. Actualmente, está preparando la sustentación de su tesis, además de generar proyectos académicos, teniendo a Paraguay como inspiración.

«La tesis es en antropología social y etnología y por ahí está el vínculo con el Paraguay, sobre todo porque trabajo con pueblos guaraníes. Sin embargo, esto no es lo único que viene o va de lo paraguayo en mi trabajo», comenta.

«Para dejar de ser una disciplina colonial, la antropología encontró varias salidas. En mi tesis, tomo dos de ellas. La primera es un principio simple de reflexividad por el que se asume el lugar del investigador-observador en su investigación y observación. Por ello, si bien trabajé con pueblos guaraníes de Brasil, Bolivia o Argentina, mi lugar de enunciación sigue siendo el de un paraguayo», explica.

Añade que el segundo dispositivo que adopta es menos conocido y podemos llamarlo revisita o reexamen etnográfico. «Asumiendo el lugar de antropólogo paraguayo que se formó en Francia y a partir de una experiencia etnográfica me propongo releer y reexaminar dos clásicos de la etnología guaraní», cuenta en relación al paraguayo León Cadogan y al francés Pierre Clastres. 

Joaquín Ruiz dice que los mbya guaraní, con quienes pasó catorce meses de trabajo de campo, lo ven como un antropólogo paraguayo formado en Francia. «Debo reexaminar esa categoría que yo mismo reflejo. Al mismo tiempo, la experiencia etnográfica que produce este reflejo me ayuda a releer los clásicos de la etnología guaraní», expresa.

También dice que no lee a Cadogan y Clastres para entender quiénes son los guaraníes que él visita, prolongando ese enfoque colonialista, sino más bien visita a los guaraníes para estudiar las condiciones de producción del conocimiento antropológico que se han hecho sobre los propios guaraníes.

Durante una visita de campo en la comunidad Mbya Guaraní Mirï Poty / Gentileza.

Traducciones del guaraní y polémicas

Entre los proyectos que logró concretar con la colaboración de otras catedráticas de la universidad, fue un trabajo del mismísimo Augusto Roa Bastos.

«Con Cécile Brochard publicamos una traducción al francés de algunos textos de Roa Bastos en la que nos divertimos haciendo notas de pie de página, en las que exponemos cómo las lecturas de los etnólogos, y su misma paraguayidad, inspiraron la obra de este autor. Roa Bastos siempre dijo que lo guaraní era como un “texto ausente” que subyace a su escritura», indica.

Joaquín explica que, al traducirla, es como que la lengua se descompone para volver a componerse en otra lengua y en dicha operación reaparece, por lo menos por un instante, el texto ausente. 

«Traducir el español de Roa Bastos al francés es traducir también del guaraní. Por todo eso, la traducción es como una deconstrucción.  Por eso me gusta jugar con la definición que el filósofo Jacques Derrida dio en una ocasión de la “deconstrucción” y dijo: “más de una lengua”», afirma.

Una búsqueda por respetar las referencias de las comunidades

Otro de los proyectos y, motivo de polémica, fue la traducción de los discursos del líder mbya Plutarco López, que terminó siendo un libro.

«No faltaron las críticas en las redes sociales. Lo que pasó fue que puristas de la lengua guaraní salieron a decir que había errores ortográficos, pero al hacerlo asumían que la lengua de los mbya se tiene que escribir como el guaraní paraguayo, aunque después estas mismas personas se llenan la boca con palabras como respeto a la diversidad y epistemologías decoloniales», cuestiona Joaquín.

Continúa diciendo que desde el equipo de trabajo siempre dejaron en claro que, al no estar la lengua mbya normalizada, escribieron según algunas referencias de los propios mbya.

«Muchos de ellos no siempre escriben aguyjevete sino que prefieren aujevete, una grafía más fiel a la pronunciación que a la etimología. Hay inclusive carteles de bienvenida a algunas comunidades con esta grafía. El mismo Plutarco López nos dijo que prefiere, por ejemplo, que se escriba También Ñande jára en lugar de Ñandejára», explica.

Las dificultades de un académico migrante en París

Joaquín Ruiz ya está adaptado al ambiente académico y a la vida en París, donde encontró su hueco y desarrolla proyectos. Sin embargo, el camino no fue nada fácil, tal como lo cuenta.

«El desarraigo social, por así decirlo, puede ser significativo. Cuando uno no tiene amigos ni familia, como fue mi caso al llegar, todo es más difícil. Ya sabemos que hay desigualdades e injusticias estructurales y siempre nos enfrentamos a ellas, pero cuando uno tiene gente al lado se van tejiendo redes de solidaridad que ayudan a sobrellevar esos problemas», reflexiona.

A Joaquín Ruiz también le gusta la música y en ocasiones participa de peñas, donde rescata compuestos y canciones en guaraní / Gentileza Clara Páez.

Ruiz habla de las redes, de amigos que te recomiendan un departamento que no hubieras conseguido por tu cuenta; de un trabajito, una pista de dónde comer más barato y cómo encontrar esos sitios.

«Ni qué decir de las amistades que te salvan a fin de mes. Con una amiga nos hacíamos giros de dinero para salir de saldo rojo, justo al límite de tiempo para que ninguno de nuestros respectivos bancos nos cobre penalidades», recuerda.  

Ahora que ya está asentado, se acuerda casi con nostalgia de aquellos primeros meses y evalúa todo lo que ha conseguido personal, laboral y socialmente. Está punto de terminar su doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, da clases de guaraní en el Instituto de Lenguas Orientales, donde se armó un importante grupo interesado en la lengua y cultura guaranítica. «Ahora con Cecilia Adoue y Cécile Brochard estamos trabajando en unos cuentos en tres lenguas: guaraní, francés y español», cuenta con orgullo sobre este nuevo proyecto de relatos de tradición oral y algunos cuentos creados por ellos mismos.

La importancia de la antropología en Paraguay

Ante la pregunta de la utilidad de la antropología y la falta de una buena carrera en Paraguay, Joaquín Ruíz reflexiona:

 «Debe ser la pregunta más difícil que me hacés. En Paraguay faltan tantas cosas, que no estoy seguro si deberíamos comenzar por la antropología. En Paraguay deberíamos comenzar simplemente por la educación, eso todo el mundo lo sabe y lo dice», apunta.

Agrega que «fortalecer la universidad pública es un imperativo. La creación de una carrera de antropología debe ser parte de este proceso, y el proceso está en marcha en la Facultad de Ciencias Sociales. Hay gente muy comprometida trabajando en eso, como me consta, desde la Asociación Paraguaya de Antropología, con quienes lastimosamente no puedo cooperar más por la falta de tiempo y la diferencia horaria». 

En torno a la importancia de la antropología, dice bromeando, que nadie se murió por falta de etnógrafo que venga a grabar o registrar sus relatos o sus costumbres, aunque algunas de estas memorias y costumbres hayan lastimosamente desaparecido, pero recuerda que la antropología no se trata solamente de atesorar saberes y memorias.

«La antropología sirve para vernos a nosotros mismos. Es la reflexión sobre nosotros y no sobre los otros. Las diferencias nos pueden ayudar a eso, ciertamente, pero de ninguna manera se trata de buscar lo exótico. La antropología puede ayudarnos a pensar un discurso sobre nosotros mismos frente a los demás», concluye.

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