El día de la Virgen del Perpetuo Socorro, 27 de junio, amaneció gris, cubierto de niebla y llovizna, un fenómeno climático conocido como “cerrazón” en la llamada “Terraza del País”, la ciudad de Pedro Juan Caballero, capital del Departamento de Amambay, en la frontera con el Brasil, pero poco después del mediodía el cielo se abrió y el sol se asomó entre las nubes, alegre y luminoso.
Entonces, una legión de cientos de ciudadanos y ciudadanas tomaron las calles con coloridos cuadros pintados y realizados sobre arpillera, con materiales reciclados, encajes, telas, cartón, papel, y hojas secas, mientras jóvenes estudiantes salían con tarros de pintura, bolsas de sal gruesa, aserrín y otros elementos a dibujar y pintar directamente sobre el asfalto.
El tiempo era escaso y la tarea inmensa: había que cubrir 1.300 metros de calles, unas 12 cuadras con sus bocacalles, con una larga alfombra artesanal de coloridas obras artísticas, obra que debía estar lista para la gran procesión en homenaje a la santa patrona de la ciudad, programada para las 16.00.
No se trataba de una actividad improvisada, sino de una tradición que ya lleva más de tres décadas, desde que el profesor Enrique Ramírez impulsó a un grupo de alumnos y alumnas del Colegio Parroquial Rosentiel a dibujar y a pintar motivos religiosos, utilizando sal gruesa, aserrín y pintura acrílica en medio del asfalto de la calle Carlos Antonio López, por donde se realiza cada año la procesión de la Virgen, desde el templo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Aquella primera “alfombra” de colores abarcó solamente una cuadra, pero resultó tan atractiva para los asistentes, que pidieron repetir y extender la experiencia al año siguiente.
Desde entonces, los estudiantes se encargan de pintar las tres primeras cuadras de las calles por donde transcurre la procesión, pero como la misma se extiende por 12 cuadras de las calles céntricas de la ciudad, llegando incluso hasta la histórica laguna Punta Porã, en el año 2016 se creó el grupo de Alfombristas Voluntarios de Pedro Juan Caballero, que se propuso cubrir las 9 cuadras restantes con alfombras realizadas sobre arpillera.
El artista plástico y gestor cultural José Quevedo Allende, pedrojuanino actualmente residente en Asunción, también miembro del staff de El Otro País, es uno de los principales coordinadores del grupo, y se encarga de viajar cada año hasta su ciudad natal para trabajar junto con su equipo. Esta vez fuimos con él a conocer de cerca esta fantástica experiencia.

Un arte multitudinario
Son dos tipos de alfombras artísticas y dos equipos bien diferenciados, aunque muy bien coordinados.
El primer grupo, el más antiguo y tradicional, es el de los estudiantes secundarios coordinados por el docente Enrique Ramírez, que mantienen la práctica desde inicios de la década del 90, aunque se van pasando la posta entre las sucesivas promociones del Colegio Parroquial Rosentiel, prestigiosa institución educativa dirigida por los sacerdotes y religiosos redentoristas desde los años 60, vinculada a la Parroquia del Perpetuo Socorro.
Los jóvenes, en la mayoría de los casos apoyados por sus familiares, se encargan de dibujar y pintar las obras artísticas directamente sobre la calle Carlos Antonio López, en las tres primeras cuadras desde la Iglesia, recurriendo principalmente al dibujo con tiza, sal gruesa y aserrín coloreados con pintura acrílica, tipo shaders. Los motivos a pintar son principalmente religiosos, vinculados a la Santa Patrona, pero también incluyen figuras de arte popular, mensajes humanistas, llamados a la paz y claves de la iconografía juvenil.
Desde horas antes, es emocionante ver a los chicos y chicas manchándose las manos y las caras con pintura, felices y dinámicos, mientras escuchan música desde algún equipo o parlante portátil, a medida en que las figuras van cobrando forma sobre el asfalto.
A continuación, en las nueve cuadras siguientes, sobre las calles Curupayty, Cerro León y Julia Miranda Cueto, entran en acción los miembros del grupo de Alfombristas Voluntarios, en su mayoría personas ya adultas, hombres y mujeres, muchos de ellos ex alumnos y alumnas del Colegio Rosentiel, que de este modo dan continuidad a la experiencia.
“En este caso, por una cuestión de practicidad, optamos por alfombras artesanales previamente realizadas sobre arpillera o telas, que permiten llegar y extender directamente las obras sobre el asfalto, e incluso guardarlas posteriormente para poder reutilizarlas o exhibirlas en otros espacios, mientras que las alfombras que realizan los estudiantes son más efímeras, se deben necesariamente borrar y limpiar tras la procesión”, explica José Quevedo Allende.

Una experiencia espiritual y sensorial
Los motivos son diversos y van cambiando año tras año, según la temática que adoptan en el grupo. Pueden ser de flores, animales, figuras religiosas, mensajes escritos, pero se buscan que todas mantengan una calidad artística. En los últimos años además se han agregado enormes tapices realizados también con materiales artesanales, que se cuelgan de paredes y columnas al paso de la Virgen, componiendo una enorme galería de arte al aire libre.
“La mayoría de los miembros del grupo lo hacemos por devoción, por un interés de contribución comunitaria, pero también por sentimiento artístico, por contribuir a dar una imagen diferente de nuestra querida ciudad, diferente a la que en general brindan los medios de comunicación, que ponen más el acento en los sucesos policiales que ocurren en la frontera. Aquí hay otra realidad que generalmente no se reflejan en los medios, como esta gran actividad artística, religiosa, incluso turística, que muchos comparan por su dimensión con las manifestaciones de la semana santa en Tañarandy, Misiones. Buscamos que las personas vivan aquí una experiencia espiritual y sensorial”, explica José.

La celebración de este 2026 contó con la participación del Nuncio Apostólico de Su Santidad, monseñor Vincenzo Turturro, quien presidió la Misa central y admiró el extraordinario trabajo de los artistas alfombristas.
Corina Domínguez, ex alumna del Colegio Rosentiel, es otra de las coordinadoras de los Alfombristas. “Nuestra participación es totalmente ad honorem y se trata de una creación colectiva, en donde todos aportan algo, desde los vecinos que nos ofrecen agua, hielo o comestibles mientras estamos trabajando hasta las autoridades que disponen cerrar las calles para que las obras puedan estar instaladas. De alguna manera es una creación de toda la ciudadanía de Pedro Juan Caballero y es una obra que ya ha trascendido las fronteras, vienen personas de lejanos lugares para ver y participar. También hemos llevado las alfombras a exposiciones en Asunción y en muchas otras localidades”, relata.
Mientras cae la tarde, la procesión avanza por las calles coloridas y alegres.
Definitivamente, es otra Pedro Juan Caballero, otro Amambay.




