La historia de la lucha por la libertad de prensa en el Paraguay

El 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, instaurado en 1991 por las Naciones Unidas “para recordar la importancia de una prensa libre, evaluar la libertad de prensa en el mundo, defender la independencia de los medios y rendir homenaje a los periodistas que han perdido la vida en el ejercicio de su profesión”. La libertad de prensa es parte de la libertad de expresión y el derecho a la información, valores básicos para la democracia. Aquí les compartimos un resumen de lo que ha significado la lucha por la libertad de expresión en el Paraguay, desde la época de la Independencia hasta nuestros días.

A lo largo de la historia paraguaya, el ejercicio del periodismo y de la libertad de expresión han estado caracterizados por constantes persecuciones, arbitrarios actos de censura, clausuras de periódicos y de otros medios de comunicación, apresamientos de periodistas, ataques violentos, exilios y asesinatos.

La persistencia de dictaduras y gobiernos de corte autoritario, desde los inicios de la Independencia (mayo de 1811), ha llevado a coartar reiteradamente los espacios de prensa independiente. Al mismo modo, hubo valiosas experiencias por conquistar espacios de libre expresión, que en muchos casos han sufrido un alto costo represivo.

Los orígenes del periodismo se remiten a la aparición del semanario El Paraguayo Independiente, el 26 de abril de 1845, bajo la dirección del presidente Carlos Antonio López, un órgano estatal destinado a defender la causa de la independencia del país, en un contexto político regional conflictivo. La simbólica fecha del 26 de abril ha sido instituida como el Día del Periodista Paraguayo.

Portada de El Paraguayo Independiente, primer periódico del país, aparecido el 26 de abril de 1845, bajo la dirección del presidente Carlos Antonio López. / Archivo.

Durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) se editaron importantes periódicos de trinchera: El Centinela (apareció el 25 de abril de 1867), Cabichui (13 de mayo de 1867), Cacique Lambaré (24 de julio de 1867) y La Estrella (el 24 de febrero de 1869), a cargo de jóvenes intelectuales y militares. Fueron publicaciones controladas por el propio presidente y jefe del Ejército, el mariscal Francisco Solano López, con crónicas satíricas propagandísticas, que buscaban elevar la moral de las tropas y burlarse de los enemigos.

Aunque dichos periódicos eran elaborados de manera muy artesanal, en muchos casos con papel fabricado con fibras vegetales y tinta obtenida de frutos silvestres, contenían textos de muy buenos escritores, como el poeta Natalicio Talavera o el literato Juan Crisóstomo Centurión, al igual que el aporte de dibujantes y grabadores, cuyas obras han constituido las bases del periodismo, la poesía, la literatura y las artes plásticas en el Paraguay.

A pesar de que los contenidos de esos órganos eran muy controlados por la cúpula militar y por el propio Mariscal López, hubo intentos de ejercer un periodismo crítico, con actitudes que fueron consideradas en su momento como “actos de traición a la patria, en tiempos de guerra”. Algunos de los integrantes de la redacción de Cabichui, como el director de la Imprenta Nacional, Julián Aquino, y el periodista Carlos Riveros, fueron llevados a juicio en los Tribunales de Sangre de San Fernando, bajo la conducción de uno de los exintegrantes del mismo periodismo de trinchera, el sacerdote Fidel Maíz, circunstancias en la que terminaron condenados de ser “traidores a la patria” y fueron fusilados.

El primer ejemplar del periódico de trinchera Cabichui, aparecido a inicios de la Guerra de la Triple Alianza, en el campamento de Paso Pucú, en 1867. Recreación en la obra de historieta «Cabichui raity», guion de Andrés Comán Gutiérrez, dibujos de ADAM.

El periodismo de posguerra

Tras el final de la guerra, con los sucesivos gobiernos instalados bajo amparo de los ejércitos de ocupación, se dieron los primeros intentos de publicar medios periodísticos más libres y con criterio empresarial.

Una de las principales experiencias fue la del periódico La Regeneración, editado por primera vez el 1 de octubre de 1869, aun en plena época de guerra, cuando la capital Asunción fue ocupada por los ejércitos brasileños y argentinos. El periódico funcionó bajo la dirección de los hermanos Juan José y José Segundo Decoud, hijos del coronel Juan Francisco Decoud, uno de los que se opusieron al mariscal López, desde la llamada Legión Paraguaya.

De pensamiento liberal, inspirado en la revolución francesa, La Regeneración se editó hasta tres veces a la semana, alcanzando un total de 147 ediciones, hasta el 23 de setiembre de 1870. Es considerado el primer gran referente del periodismo independiente en el país. Tuvo que cerrar tras un violento atropello cometido por residentes italianos al local del periódico, molestos por una publicación acerca de un crimen que involucraba a uno de los inmigrantes.

Desde entonces, el ejercicio del periodismo en Paraguay se desarrolló principalmente en forma de periódicos partidarios, editados por referentes de las principales organizaciones políticas, como la actual Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado, y el Partido Liberal, con sus diversas denominaciones, además de órganos de fuerzas políticas más pequeñas, como las organizaciones socialistas, anarquistas, comunistas, sindicales, etc.

El aporte de Rafael Barrett

En toda la primera mitad del Siglo 20, se editaron decenas de periódicos (y surgieron las primeras emisoras de radio), que principalmente propagaban sus idearios políticos y atacaban a sus adversarios, derivando en muchos casos en confrontaciones violentas, clausuras y destrucción de imprentas, apresamientos y asesinatos de los periodistas y editores.

En este contexto, resulta especialmente relevante la historia del escritor y periodista español anarquista Rafael Barrett, quien llegó al Paraguay en 1904, como enviado especial del diario El Tiempo de Buenos Aires, para cubrir un levantamiento en armas de un sector liberal contra el gobierno colorado. Barrett quedó muy impresionado por el Paraguay, tanto que decidió quedarse, se casó y formó familia. Escribió para los principales periódicos de la época numerosos artículos de denuncia social y política, con una gran calidad literaria y un pensamiento crítico y filosófico. En 1908 dio a conocer en El Diario una serie de reportajes investigativos, bajo el título “Lo que son los yerbales”, denunciando por primera vez la perversa situación de esclavitud humana en que se encontraban los “mensú”, trabajadores de las grandes plantaciones de yerba mate. Fue perseguido por el coronel Albino Jara, mandamás de turno, quien lo envió al destierro en 1908, pero el periodista regresó en forma clandestina, oculto en una estancia en Yabebyry, Misiones, desde donde siguió escribiendo, hasta que se le permitió reinsertarse en el país, hasta su fallecimiento en 1910.

El periodista Blas Garay, fundador de La Prensa, asesinado en 1989 tras sus publicaciones contra la corrupción. / Foto de Miguel Trujillo, ImagotecaParaguaya.

La lucha de Blas Garay

Otro de los casos sintomáticos fue el del joven periodista, escritor, abogado y político paraguayo Blas Garay, dirigente del Partido Colorado, quien, tras escribir en varios periódicos, en 1898 fundó su propio vespertino, La Prensa, desde donde sostuvo varias campañas de denuncias contra políticos implicados en hechos de corrupción, entre ellos al ex ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Mateo Collar, a quien acusó con documentos de haber sobrefacturado la impresión de libros y folletos oficiales, lo cual derivó en que el periodista sea asesinado en venganza por uno de los hijos del exministro, en diciembre de 1899, cuando Garay tenía solo 26 años de edad.

Durante la Guerra del Chaco, del Paraguay contra Bolivia (1932-1935) hubo periodistas que arriesgaron la vida para informar sobre la contienda, aun sometiéndose a estrictas censuras militares, como la experiencia de Juan Esteban Carrón, enviado especial del periódico El Liberal y la United Press Asociation of New York.

El atraco al diario el País en 1946, que marcó el primer exilio de Augusto Roa Bastos, quien era secretario de redacción del periódico. Versión recreada en cómic, en el álbum biográfico «Augusto Roa Bastos, el supremo escritor», guion de Andrés Colmán Gutiérrez y dibujos de ADAM.

La persecución a Roa Bastos

Los episodios de censura y persecución también alcanzaron a quien sería el mayor escritor paraguayo, Augusto Roa Bastos, quien inició su labor como periodista, siendo secretario de redacción del diario El País, entre 1937 y 1946, mucho antes de convertirse en un celebrado novelista.

Sus editoriales críticos contra el gobierno dictatorial del general Higinio Morínigo (1940 – 1948) y principalmente contra su ministro de Hacienda, Natalicio González, quien comandaba el movimiento interno colorado del Guion Rojo, caracterizado por violentas acciones paramilitares.

Bajo órdenes de González, una patota del Guion Rojo atracó y destruyó la imprenta de El País en 1946, buscando arrestar a Roa Bastos, quien junto a los demás periodistas y trabajadores del diario debieron huir por encima de los techos de las casas vecinas. Roa pudo llegar hasta su casa en Villa Morra y se ocultó dentro de un tanque de agua, cuando un pelotón militar llegó a buscarlo. Luego se asiló en la embajada brasileña y pudo salir del país, iniciando un largo exilio en Argentina y posteriormente en Francia.

Desde 1941 entró en funcionamiento el Departamento Nacional de Propaganda (DENAPRO), organismo gubernamental que controlaba y censuraba a las emisoras de radio y a los medios periodísticos impresos.

Los ataques a la prensa durante la dictadura stronista

La larga dictadura cívico-militar del general Alfredo Stroessner (1954-1989) mantuvo una violenta acción represiva contra los sectores sociales y políticos críticos, incluyendo una fuerte censura a los medios de comunicación y una permanente persecución contra los periodistas que osaban informar sobre los abusos y las violaciones de derechos humanos.

Al inicio del régimen represivo no existía una prensa crítica, salvo en pequeños medios impresos que ejercían como voceros de organizaciones políticas o sociales, como “El enano” y “El Radical”, del Partido Liberal, o “Adelante”, del Partido Comunista Paraguayo, además de boletines estudiantiles artesanales, que circulaban más bien en la clandestinidad, o publicaciones de grupos en el exilio que se editaban en la Argentina e ingresaban de contrabando al país.

La mayoría de las emisoras de radio eran controladas por la Administración Nacional de Telecomunicaciones (Antelco), obligadas a emitir diariamente en cadena las emisiones gubernamentales de propaganda del régimen, como el programa “La voz del coloradismo” del partido gobernante. Los medios que no lo hacían eran castigados, como sucedió en noviembre de 1955 a la emisora Radio Stentor, propiedad de Manuel Adolfo Caballero Ferreira, clausurada por negarse a retransmitir la cadena oficial. El director fue exiliado y murió sin poder regresar al país. Lo mismo ocurrió en 1960, cuando el régimen se apoderó de la emisora Radio Encarnación, del empresario Carlos Madelaire, y en 1961, cuando se clausuró la emisora Mariscal López, de Manuel Chamorro Damús.

El principal periódico comercial, “La Tribuna”, considerado por entonces “el decano de la prensa nacional”, no tenía opinión editorial y evitaba publicar noticias críticas contra el gobierno.

Clausuras y secuestros de periódicos

En mayo de 1961 se produjo la primera represión del stronismo contra un periódico impreso, cuando el diario La Mañana, dirigido por Manuel Bernardes, fue clausurado por orden del entonces ministro del Interior, Edgar L. Ynsfrán, en represalia por sus críticas contra el gobierno.

El semanario “Comunidad”, vocero oficioso de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), se convirtió en el medio más crítico, que publicaba denuncias de violaciones de derechos humanos, lo cual despertó la persecución dictatorial. El 23 de agosto de 1968, la policía stronista secuestró los ejemplares impresos de “Comunidad”, apresó al propietario de la imprenta “El Gráfico”, Pablo Olmedo y ordenó suspender la edición durante un mes. En octubre de 1969, el Ministerio del Interior dispuso la clausura definitiva del semanario, bajo la acusación de que publicaba artículos que “incitan a la subversión” y “el odio entre paraguayos”, motivando el exilio del director, el sacerdote Gilberto Jiménez.

Criterio, una revista mensual de cultura y política, editada por un grupo de intelectuales, ligados al llamado Movimiento Independiente (MI) en esferas universitarias, también sufrió una fuerte represión en julio de 1977, cuando fueron detenidos la mayoría de sus redactores y colaboradores, entre ellos: Juan Félix Bogado Gondra, Jorge Canese Krisvohein, José Nicolás Morínigo, Antonio Valenzuela Pecci, Adolfo Ferreiro Sanabria, Eduardo Arce Schaerer, Francisco Rodríguez Campuzano, José Carlos Rodríguez, Juan Manuel Marcos, Domingo Rivarola y Emilio Pérez Cháves, entre otros.

Detención del periodista José Luis Detone, el día que la dictadura stronista dispuso la clausura del diario ABC Color, el 22 de marzo de 1984. / GENTILEZA.

La etapa de ABC Color

El 8 se agosto de 1967, apareció el diario ABC Color, dirigido por el empresario Aldo Zuccolillo, que modernizó el periodismo gráfico en el país y se convirtió en el periódico de mayor tirada, al incorporar una impresión más moderna con el sistema offset y el uso del color. Aunque se editó inicialmente con la venia del propio dictador Alfredo Stroessner, quien acudió a la inauguración del periódico, poco a poco el medio fue asumiendo actitudes críticas que ocasionaron la molestia del régimen.

El 11 de noviembre de 1968 fue apresado el periodista Roberto Thompson, secretario general de ABC Color, por la publicación de un chiste sobre los militares y la Guerra del Chaco. Tras una segunda prisión, Thompson tuvo que abandonar el país. El 7 de junio de 1972 fue detenido Francisco Talavera, secretario general interino del periódico, en represalia por publicaciones. En diciembre de 1972 también fue apresado el jefe de la sección Internacionales del diario, Miguel Ángel Curiel.

Uno de los periodistas de ABC que resultó más perseguido por el régimen fue Alcibíades González Delvalle, en represalia por sus columnas de opinión y sus reportajes investigativos, en los que denunciaba las represiones contra campesinos e indígenas, al igual que los casos de corrupción y contrabando en las zonas fronterizas. Fue apresado e incomunicado en noviembre y diciembre de 1979, por segunda vez en junio de 1980 y por tercera vez en setiembre de 1983, acusado de violar el Estado de Sitio y la represiva Ley 209, llamada “de Defensa de la Paz Pública y Libertad de las Personas”.

Otros periodistas de ABC Color que resultaron detenidos durante la dictadura, fueron: Héctor Rodríguez (febrero de 1980), Ramón Santiago Moreno (agosto de 1982), Jesús Ruiz Nestosa (diciembre de 1983). 

En julio de 1983 fue detenido el propio director propietario del periódico, Aldo Zuccolillo, como parte de una fuerte campaña de hostigamiento contra el medio, que incluía la retención de los vehículos que llevaban los ejemplares a ciudades del interior. Volvió a ser detenido en 1984, ocasión en que su periódico ABC Color fue finalmente clausurado por orden del Ministerio del Interior, el 22 de marzo de 1984 y no volvió a imprimirse hasta la caída de la dictadura, en 1989. Durante la clausura, fue detenido también el periodista José Luis Detone.

Las persecuciones a Última Hora

Otro periódico que sufrió persecuciones fue el vespertino Última Hora, que apareció inicialmente en 1973, también bajo venia del dictador. En la medida en que el diario fue adquiriendo una línea crítica, fue objeto de varios castigos, como la detención en 1976 de su primer director, Isaac Kostianovsky, quien fue exiliado a la Argentina. En febrero de 1978 fue apresado el periodista de la sección economía, Luis Alem, por informaciones críticas sobre la represa de Acaray. Última Hora también sufrió una clausura temporal por 30 días en junio de 1979, junto con el diario La Tribuna. En 1982, el secretario de Redacción del vespertino, Félix Humberto Paiva, y el jefe de Redacción, Fernando Cazenave, fueron presos tras ser acusados de haber escrito un titular de portada que no agradó al dictador.

Las persecuciones a Radio Ñandutí

Otro medio perseguido fue la emisora Radio Ñandutí, propiedad del conocido comunicador radial Humberto Rubín, que al igual que los demás medios inició en los años 60 su emisión con la aprobación del dictador, pero paulatinamente fue adquiriendo un perfil crítico, sobre todo al abrir sus micrófonos a la voz de sectores de la población.

En julio de 1983, Ñandutí sufrió una clausura temporal por 30 días, pero al persistir en su línea crítica sufrió todo tipo de ataques, que incluyó interferencias a sus señales, prohibición de hacer locución a los periodistas que no contaban con un carnet habilitante de la ANTELCO, ataques a pedradas por parte de una horda de miembros del partido Colorado a su local, hasta llegar a la clausura total de la emisora en enero de 1987, pudiendo volver a transmitir recién tras la caída de la dictadura, en 1989.

El asesinato del ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, en Asunción, en 1980. / ARCHIVO

Las redadas tras el somozaso

En setiembre de 1980, un comando guerrillero internacional asesinó en las calles de Asunción el ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza, quien se hallaba asilado y protegido por su colega Alfredo Stroessner. El episodio fue aprovechado por el régimen stronista para desatar una feroz represión contra diversos sectores, incluyendo a miembros de la prensa, que fueron apresados como chivos expiatorios.

El fotógrafo chileno Alejando Mella Latorre, que trabajaba para el diario La Tribuna, fue detenido y torturado, permaneciendo en prisión durante ocho años, acusado de ser cómplice de los guerrilleros. También el periodista y filósofo paraguayo Juan Andrés Cardozo, al igual que el periodista argentino Hernando Sevilla y el fotógrafo paraguayo Rolando Chaparro, entre otros, cayeron en las redadas.

Periodistas detenidos

En julio de 1985 fue detenido el periodista Edwin Brítez, como represalia por artículos publicado en la revista Nuestro Tiempo, dirigida por el obispo católico monseñor Mario Melanio Medina.

En diciembre de 1986 fue detenido el periodista Oscar Acosta, de la emisora Radio Ñandutí y dirigente del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), cuando salía de la cobertura de una misa en solidaridad con presos políticos.

El periódico El Pueblo, órgano del Partido Revolucionario Febrerista, también fue objeto de varias clausuras temporales, ataques y secuestros de sus ediciones, pero pudo mantener una actitud contestaria, a pesar de las persecuciones.

La emisora de la Iglesia Católica, Radio Cáritas, fue una de las pocas emisoras de radio que pudo continuar con una línea crítica, a pesar de clausuras temporales y hostigamientos. En julio de 1986 fue detenido y expulsado del país su director, el sacerdote español Javier Arancón, bajo la acusación se ser un “extranjero subversivo”.

El periodista Santiago Leguizamón, trabajando en su estudio, en Pedro Juan Caballero. / GENTILEZA.

Alla lejos, en Amambay

Del mismo modo, en un lejano lugar del interior del país, en la ciudad de Pedro Juan Caballero, Amambay, en la frontera con el Brasil, otra pequeña emisora de radio, ZP 31 Radio Mburucuyá, fundada en 1975, pudo convertirse también en una voz de libertad, trabajando bajo amenazas, pero a salvo de las clausuras, quizás por su distante ubicación de la capital.

A poco de la caída de la dictadura, su director propietario, Santiago Leguizamón, pagaría muy caro esa línea periodística crítica y libertaria, al ser asesinado por sicarios fronterizos, en plena avenida internacional entre Brasil y Paraguay, el 26 de abril de 1991, en el Día del Periodista Paraguayo.

Los 22 periodistas que dejaron la vida

Tras el fin de la dictadura stronista sobrevino una época de mayor libertad para el ejercicio del periodismo, pero también de mayor peligro por parte de grupos del crimen organizado y sus conexiones con las esferas gubernamentales y los círculos políticos. Era la alevosa consolidación de la llamada narcopolítica.

A partir de abril de 1991, con el asesinato de Santiago Leguizamón, se inició una siniestra racha de ataques a comunicadores, que derivó en una lista de 22 periodista asesinados y más de 600 casos de agresiones y amenazas contra periodistas.

Estos episodios han sido objetos de una minuciosa investigación realizada en 2025 por un equipo de Ñe’ Raity – Espacio Creativo por encargo de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY), consignados en el libro “Rompiendo el silencio – Informe sobre crímenes de silenciamiento contra periodistas del Paraguay”, que puede ser descargado gratuitamente en este enlace.

Durante la presentación oficial del informe, Dante Leguizamón, secretario ejecutivo de Codehupy e hijo del periodista asesinado Santiago Leguizamón, destacó: “La libertad de expresión debe entenderse no sólo como un derecho individual, sino como un bien público. Defender a quienes comunican, investigan y denuncian no es defender a un gremio, es cuidar el tejido democrático. Por eso, este trabajo también busca hacer visibles las estructuras de poder e impunidad que sostienen la violencia contra periodistas, y señalar que no habrá justicia posible mientras esas estructuras no se desmantelen. Recuperar la memoria de las y los periodistas silenciados es también recuperar la posibilidad de una sociedad más justa y transparente. La memoria no es un acto de nostalgia, sino un compromiso con el presente. Este informe es un homenaje, pero también un llamado a seguir defendiendo la palabra, a seguir denunciando la impunidad, a seguir creyendo que la verdad y la justicia, por más amenazadas que estén, tienen siempre la última palabra”.

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