Así empezó la Semana Santa de Tañarandy

Esta Semana Santa del 2026 será la segunda conmemoración que se realizará en la compañía rural de Tañarandy, en San Ignacio, Misiones, sin la presencia física del recordado artista visual Koki Ruiz, pero con su legado muy presente, encarnado por sus hijas Macarena y Almudena, junto a toda la colectividad del establecimiento La Barraca. Se espera nuevamente una afluencia masiva a los actos programados. Compartimos una breve crónica sobre los inicios de la experiencia, en abril de 1992, tomado del libro “Koki Ruiz: un artista en el alma de su pueblo”, escrito por Andrés Colmán Gutiérrez, publicado en 2025 por la editorial Servilibro y el Centro Cultural de la República El Cabildo.

La simple intención de agradar a su mamá dio inicio a lo que luego se convertiría en la mayor manifestación religiosa, cultural, artística y turística de la Semana Santa en el Paraguay.

Era abril de 1992, la época en que Koki Ruiz estaba trabajando en la construcción del portal con el reloj solar en la entrada de San Ignacio y pasaba gran parte del tiempo en la vieja quinta de sus abuelos.

Se habían juntado a pasar la Semana Santa en La Barraca, buscando revivir la tradición del “karu guasu”, de los tiempos de la infancia, cuando toda la familia acostumbraba reunirse en el lugar a compartir las comidas típicas.

Rosa, la mamá de Koki era quien se disponía a preparar los alimentos para todos, pero reclamaba que eso le iba a impedir ir a la Iglesia a participar de la procesión y los rituales religiosos.

“El primer año que realizó la procesión, lo hizo por complacer a su madre. Durante la Semana Santa del 92, toda la familia grande estaba reunida en La Barraca. Rosa, la mamá de Koki, cocinaba para todos ellos, a la par que se lamentaba porque iba a perderse las ceremonias de esos días santos, por tener que estar en la cocina. Así fue que Koki le dijo: ‘no te preocupes, yo te voy a organizar tu propia procesión, aquí en nuestra casa’. Y junto con sus hermanos, sobrinos e hijos, encendieron velas en el patio, las mujeres caracterizaron a sus personajes usando velos, mientras todos acompañaban cantando y rezando. Fue como una performance de una Semana Santa a lo yma”, cuenta Almudena Ruiz.

Aquella primera experiencia les encantó a quienes participaron y plantearon que se realice de nuevo el año siguiente.

Koki avanzaba con la obra del reloj de sol a la entrada de la ciudad, que pudo concluir en 1993. “Mientras trabajaba en la construcción del portal, tuve tiempo de visitar con más frecuencia a los vecinos de Tañarandy. En esos días se había emitido por televisión un reportaje sobre una exposición que realicé en Punta del Este, Uruguay. Las personas me reconocían, se acercaban y me decían ‘Te vi anoche en la tele’. Sucedió algo curioso. Los habitantes se hicieron la idea de que yo era un artista que tallaba o pintaba santos. Me invitaban a visitar sus casas para mostrarme sus propios santos y sus altares domésticos, sus capillas hogareñas. Así descubrí algo precioso: la gente de Tañarandy seguía conservando una religiosidad popular muy profunda”, recordó.

Esa sensación se ahondó cuando empezó a asistir a algunos funerales en la comunidad: “Me fascinó todo el ritual de los velorios, las mujeres vestidas de negro, con el luto cerrado y algunas cuestiones simbólicas, como por ejemplo mantener la silla vacía del difunto en la mesa del comedor durante el almuerzo. Supe que había una veta cultural muy rica para trabajar en lo artístico, y que había que hacer algo bueno con la gente de Tañarandy”.

El portal con el reloj solar no tuvo el impacto esperado. Su hija Almudena lo cuenta así: “Aunque ese trabajo le dio a Koki una gran satisfacción personal, también lo dejó con una sensación de vacío: percibía que la obra no había generado una respuesta social, que no había prendido nada en la gente, que quizá nadie había entendido su propuesta. Por eso, con ganas de ‘buscar algo más’, comenzó a recorrer la compañía de Tañarandy y a visitar a sus vecinos. Los pobladores, al escuchar que Koki era ‘el artista del pueblo’, entendían esa condición como un oficio de artesano. Por eso, cuando lo recibían en sus casas, le mostraban con orgullo las artesanías que guardaban en el altar familiar: sus santos de barro, unas piezas preciadas transmitidas de generación en generación. Fue así como Koki descubrió lo viva que seguía la religiosidad popular y comprendió que ese iba a ser el camino que le permitiría dirigirse hacia un arte verdaderamente social”.

La celebración de aquella Semana Santa de 1993, la segunda edición, se realizó nuevamente en el patio de La Barraca, pero con más elementos. Por primera vez se incluyeron los candiles artesanales elaborados con cáscaras de apepu y grasa vacuna, además de una grabación del canto de los estacioneros que se emitía a través de un altavoz.

“Invité a unos pocos vecinos de Tañarandy, que me ayudaron a hacer las luminarias y las antorchas. Aunque ya no se hacían los candiles de apepu, varios adultos mayores recordaban la técnica y nos la enseñaron. Lo mismo pasó con las antorchas de takuara. Todo estaba muy vivo en la memoria. Entre los que asistieron estaban don Taní (José Estanislao Coronel, excombatiente del Chaco, poblador pionero ya fallecido) y sus hijos. Me interesaba que estuvieran presentes sobre todo las hijas, que siempre vestían de negro. Para contrastar, le pedí a los varones que vistan camisas blancas. Para mi eran personajes reales de una obra artística, parte de una escenografía fantástica”, relató Koki, en una de las muchas charlas que mantuvimos.

La multitudinaria procesión de los Viernes Santo en Tañarandy. / Foto: René González
Koki Ruiz encendiendo los candiles de apepu en la primera celebración de la Semana Santa en La Barraca, en 1992. / Gentileza Familia Ruiz.
Representación del cuadro La Ultima Cena, de Leonardo Da Vinci, una de las obras más aclamadas entre los «cuadros vivientes» de Tañarandy. / ACG.
Koki pintaba personalmente a los personajes de sus cuadros. Hoy sus discípulos artísticos prosiguen su labor. / René González.
El libro dedicado a la vida y la obra de Koki Ruiz.

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